lunes, 23 de marzo de 2020

COVID y hygge.

El temor y a veces la paranoia se ha apoderado de nuestro entorno. Hay desconfianza y miedo. Es un momento extremo en el que hay que tomar medidas extremas para no tomar medidas existenciales. Pero también hay que conservar la calma porque el miedo es contagioso y entraña peligros de orden físico y mental.

Va a cambiar nuestra forma de hacer las cosas y tal vez la conciliación nos aporte una perspectiva más racional de lo que realmente importa.

De momento vemos a los solidarios haciéndose cargo de peques, vigilando por los sanitarios, retando a los 21 días sin salir...

Tal vez ahora sea el momento de disfrutar de las cosas pequeñas, con un humificador lleno de ravintzara, algo caliente, un buen fuego en la chimenea y todos en casa, cada uno a su aire pero en relajado impás. 

Esperemos tiempos mejores.

Y hasta aquí el primer día de confinamiento.

 Después de una semana la realidad es diferente. Las familias están agobiadas por el cambio drástico de rutinas, con los niños en casa, los maestros obsesionados por hacer llegar temario, el libro que se quedó en el cole, el saqueo de papel higiénico, el horario de aplausos, el pataleo a cacerola limpia.... No ha habido tiempo para pensar, ni para aceptar. Hay caos en cada parte de la casa y de pronto todo nuestro mundo está patas arriba, a menos que seas una persona tremendamente casera y disfrutes leyendo, cocinando o viendo series... Si tus hijos son otaku o gamer te harán palmas las orejas y si además tienes balcón...

Estoy con los que creen que algo tiene que cambiar después de esta experiencia pero ahora estamos de duelo, duelo por la muerte de nuestras rutinas, de nuestras espectativas a corto plazo, de nuestros congéneres.

"Nadie es una isla, completo en sí mismo, la muerte de cualquier hombre me disminuye, así que no hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblar por tí." 

Mañana será otro día. 

lunes, 16 de marzo de 2020

Raw and hygge.


¿Cuántos de vosotros pasáis horas mirando casas en las revistas, o esas reformas que cumplen los sueños de propietarios indecisos, mientras os preguntáis en qué estilo de casa os gustaría vivir?

A mí me gusta el estilo farm house, pero no me gusta que todo parezca tan desgastado. Me encanta el raw, pero no sé si  sería capaz de tener una mesa no recta con madera "cruda". Los tejidos naturales se quedan. No me gustan los elementos africanos, aunque si esas piezas coloniales y con sentido. 

Me gusta ikea pero no cuando es nórdica minimalista, sino cuando imita el mueble de la abuela, de las suyas, porque los muebles de la mía eran negros y muy pesados. 

Pero mi casa, como la de la mayoría, no es de revista, ni tiene un estilo definido. Aunque he conseguido deshacerme de alguna cosa, aún tengo muebles "inamovibles" y lo que vino temporalmente, a cumplir con funcionalidad, se ha quedado. 

Confortable, simple, con sentido.  Esa es mi casa, pero solo para mí, no para los especialistas. Por fin he encontrado el estilo que busco. Kaizen, poco a poco, es como se consigue crear esa sensación de bienestar, más que un estilo. De hecho, cuando pienso en cual de las casa me gustaría vivir, me gustan cosas pero no por el estilo, sino porque lo asocio a una 'peli' o a un libro, como esos miradores con asientos junto a la ventana que han contribuído a escoger sillones con respaldo bajo, para poder aprovechar toda la vista que ofrecen, de la naturaleza las ventanas. 

Esa botella de vidrio verde con más de medio siglo a cuestas, original, vintage, con un tapón de corcho de mi tienda de manualidades favorita. La de la foto es la prima esbelta. 

Aquel arconcillo secreter versión minimini del secreter que siempre soñé y nunca tendré, porque valen un pastón y porque solo quedan bien en un palacio.

Y es que los sueños no tienen por qué hacerse realidad porque nos vemos obligados a crearnos unos nuevos y no tengo tiempo para sueños posibles... Aunque, bien mirado, tampoco quedan muchos imposibles.

Domingo tarde con chimenea encendida, mantita, y reformas, en casa de otros, yo hygge ¿Y tú? 

lunes, 9 de marzo de 2020

Feliz pero no siempre.


Estoy reescribiendo este post después de que una penosa maniobra con el móvil borrara el que, posiblemente, fuera el mejor post desde hacía mucho tiempo. En otra ocasión me hubiera enfurecido, obsesionado o apenado, o todo a la vez. Pero después de escribirlo experimenté una catarsis que me llevó a anotar rápidamente lo que era más interesante y recordaba y a dejar para hoy, en un momento de menos estrés post traumático, el volver a rehacerlo.

Empezaba explicando que había leído que se estaba tratando la felicidad como un hecho científico, tratando de trazar los patrones repetibles para reproducirla y tropecé con Tal Ben-Shehar, muy preocupado por este tema y que apuntaba algo que merecía parar a reflexionar. E hice bien. Según él, paramos poco a disfrutar. Mindfulness for ever.

Parece ser que su infancia no fue muy feliz sin un motivo aparente y había constatado que hay un alto componente de genética en la capacidad de cualquier persona para ser positivo, concretamente un 50%. Un 40% depende de nuestras decisiones y un 10 % del entorno, a menos que se dé una situación extrema como un desastre natural o un conflicto bélico, que alteraría todos los porcentajes.

No podemos actuar sobre la genética y podemos mejorar con talento, esfuerzo o suerte el entorno. Así que lo que nos queda para trabajar es cómo tomamos nuestras decisiones. Según indica la felicidad está en la intersección entre el placer y el sentido, aplicable a cualquier actividad.

A todos se nos asignan tareas en el trabajo, algunas no son ni significativas ni agradables, de serlo para nosotros, nos convertimos en 'sujetos' más productivos y más creativos, por supuesto más positivos.

También es aplicable a las tareas domésticas o a cualquier otra actividad. Pero como padres estamos tan obsesionados por la felicidad de nuestros hijos que además de ocultar la genética y brindarles un mundo sin problemas, lo más cómodo posible, obviamos que si su genética es la que es, nos estamos dando con un canto en los dientes. Estamos generando expectativas de felicidad y de éxito que le van a hacer sentir más miserable, porque no hay nada peor que no entender que no podemos ser siempre felices, ni nosotros ni ellos. Si tenemos que actuar de alguna manera es sobre el aprendizaje en la toma de decisiones y resolución de problemas, que no debemos hacer nosotros por ellos. Enseñarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos a Para y Reflexionar, debería ser un ejercicio más importante que el físico o un hábito tan productivo o más que lavarse los dientes. Mindfulness again.

Y aquí es donde iría la lapidaria conclusión que se perdió anoche, pero creo que podemos alcanzar cada uno nuestra propia conclusión. Parar, tomar decisiones con sentido y placenteras, sin expectativas y estar preparados para recargar pilas con los momentos de felicidad que nos ofrezca la vida. No te enfades si has preparado cena y un cuarto de hora antes alguien se está comiendo un yogurt con galletas, a lo mejor el cuerpo le pedía un acto sencillo de nutrición. No te enfades porque el orden dure poco porque el caos les relaja. No te enfades porque la naturaleza tira lo que tú has interpuesto en su camino.

Disfruta de que tienes familia, de que comparten tu plato y tu espacio y perdona a la naturaleza que te ofrece otras compensaciones. Y si al final te has enfadado, perdónate a ti mismo porque es tú genética y aprende a gestionarte la próxima vez. Mucho hygge.

lunes, 2 de marzo de 2020

Labores de Sísifo.

Sinceramente, y sin obsesionarme, hoy no iba a escribir y, de hecho es tarde, muy tarde. Pero en un momento de relax me he encontrado leyendo a Agatha Christie "Los mejores crimenes para mis novelas se me han ocurrido fregando los platos. Fregar los platos  convierte a cualquiera en un maníaco homicida de categoría"

Las tareas domésticas, cualquier tarea doméstica, tiene esa cualidad de ser una piedra de Sísifo destinada a caer al fondo tan pronto alcanza la cima.

El castigo por la astucia que recibieron Sísifo o Prometeo ha sido la imagen que me viene a la cabeza cada mañana cuando comienzo las rutinas, muy distinto a como me siento cuando entro en clase.

No solucionas nada repartiendo o traspasando, la tarea permanece ahí para convertirse en algo que se repite como un castigo. 

Como, históricamente, es una carga que suele caer sobre las mujeres, son ellas las que han tratado de sistematizarlas, minimizarlas e incluso bendecirlas y convertirlas en servicio amoroso. ¡Y una & #ð@*! Hay quien lo reduce a una app. ¿Se ha parado alguien a pensar cuanto tiempo se pasan las mujeres y algunos, pocos, hombres emparejando calcetines? ¿Sabe alguien lo atractivo que resulta un hombre que usa vaqueros, jerséis y camisetas y no utiliza camisas ni pantalones de raya? Se pueden cuantificar en días el tiempo que te pasas planchando.

Tengo nombre para mi primer androide doméstico, Sísifo. No tomará café conmigo ni se tapará con la manta. Tal vez sepa leer, no será creativo y por ese motivo no se preguntará lo absurdo que es su día de la marmota eterno. Mientras seguimos esperando un mundo feliz  hoy todavía no he sentido la necesidad de idear ningún crimen.


lunes, 17 de febrero de 2020

Emociones procesadas

¡Qué la musa te pille trabajando! Piensa en positivo. Planifica tu futuro, es el lugar donde tienes que vivir... Pequeñas motivaciones, como instrucciones robóticas y a veces contradictorias que nos rodean en instagram, en el bullet journal, en tu motivational board.

El hombre empezó a utilizar  las máquinas con la idea de hacer menos trabajo, y ahora ya no trabajamos como personas, trabajamos como máquinas.

El ser humano anhelaba la luz natural en su lugar de trabajo. Un despacho con vistas sobre Manhattan era el summum del éxito. Hoy los cubículos son mejores porque la luz no debe incidir sobre la pantalla.

Hicimos las impresoras para gastar menos papel, y como no revisamos lo que copiamos, acabamos imprimiendo y gastando más papel que antes.

No hay límite para la hora que dejamos de trabajar y la burocracia supera al trabajo creativo.

Le llaman resiliencia a la capacidad de absorber el estrés y gestionarlo y se inventan el flow como si estuviésemos en stand-by. 

Antes escribías una carta porque el teléfono era caro para divagar. Hoy teléfono es trabajo, correo es trabajo y a tus amigos les envías emoticonos y videos prefabricados. Hablamos de alimentos procesados pero es que nuestros sentimientos y nuestras emociones están procesadas también. 

¿Te has parado a pensar cómo estás compitiendo con tu ordenador? ¿Realmente disfrutas de lo natural? ¿Vives hygge o te dan hygge? 


jueves, 13 de febrero de 2020

Hoy lunes o el jueves a 10.000

Debería decir, por fin. Pero no quedan fuerzas. Esta semana nos ha podido la gripe, la propia y la ajena. Nos han podido las circunstancias y lo circunstancial. El nervio, las noches toledanas... Y nos ha podido la emoción, el reconocer que no hay nada personal en el destino, que lo que tiene que pasar, pasa y pasa porque tiene que pasar, que el mundo es circular, aunque hay quien se empeñe en lo contrario. Lo que das bueno vuelve y lo malo también.

Ha costado mucho llegar a 10.000, cuando escribíamos más y cuando dejábamos de escribir. Cuando proyectábamos trabajar más y cuando la vida no daba para más. 

Pero todo llega y también llegarán los 20.000, gracias por estar ahí. Ojalá pudiéramos compartir un trozo de pastel y un café delante de la chimenea y una conversación. Porque de momento, solo hablo yo. 

lunes, 3 de febrero de 2020

Metas y planes de acción o flow.

Tanto temblor medioambiental, de salud, político, hace peligrar los cimientos económicos y allá que me he lanzado a escuchar videos sobre  inversiones, riqueza y demás y me he dado cuenta de que no acababa de estar convencida.

He tropezado con un video que parecía tener sus años y me ha sorprendido como ha planteado el tema. Decía que un judio fue invitado a una iglesia cristiana a poner en común las dos religiones y dar una conferencia. Entró en la sala y dijo: las dos religiones tienen en común amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Lo demás son palabras.

Este estudioso de la productividad y el éxito decía que  todas las personas exitosas tenían en común 'metas' y lo demás son palabras.

Una vez establecidas las metas hay que establecer un plan de acción, y ahí es donde voy. Antes de acabar el año me puse como meta llegar a los 10000 lectores pero ¿dónde se quedó mi plan de acción?

No hubo ningún esfuerzo extra, confié en la providencia, pero supongo que la providencia tenía algo mejor que hacer que alimentar mi ego.

Y entonces, en mi video el ponente seguía preguntando cuáles eran las 5 metas principales y que teníamos que ordenarlas por importancia. Y me dí cuenta que llegar a los 10000 lectores no era la primera, ni la segunda y que en la siguiente pregunta que implicaba reducir a tres casi se queda fuera porque iba empatada con otra.

Establecer planes de acción para metas de tercer o cuarto orden daba explicación a la inacción. Pero la que casi me deja fuera era la pregunta ¿qué harías si te dijeran que te quedan 6 meses de vida? Realmente, mis dos prioridades seguían siendo prioridades y llegar a los 10000 lectores no estaba entre ellas. 

Así que ¿hacemos un plan de acción o nos dejamos llevar por el flow? Seguro que a hombres de negocios con mucho éxito les importaban más los números que su familia o su bienestar emocional o espiritual. No viene al caso. Todavía ando conociéndome, descubriéndome facetas nuevas y sorprendiéndome. Pero se que no soy ambiciosa y que soy de letras. Buen hygge. 

lunes, 27 de enero de 2020

Las gallinas del futuro.

Cuando era pequeña, mi abuela se preguntaba, que qué comería yo si era incapaz de pelar una gallina ni cuando ya estaba muerta, porque acercarme al gallinero, cuando estaban vivas, me ponía enferma. Mi madre le decía que en la capital podías comprarlas muertas y peladas.

Para mi madre un futuro sin estudios no era futuro, y me animaba a hacer caligrafía y a pintar y a crear, porque el pollo ya te lo vendían troceado. Fuimos la generación JASP, Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados.

Hoy mis hijos ya pueden encontrar el pollo preparado, y si vives en una ciudad, te lo traen caliente y a casa. Dan por sentado que si no estudian no podrán pedir pollo y tendrán que conformarse con pildoras multinutritivas saciantes y ya veran si les llega para el sabor. 

Yo quiero que le quiten las plumas al trabajo y que lo que hagan para ganarse la vida les guste tanto que pagarían por hacerlo. 

Son nativos digitales pero damos por sentado que su dependencia tecnológica y de redes no es buena, pero ¿con qué lo comparamos? A nosotros no nos ha hecho falta para vivir y hemos tenido que hacer frente a nuestras propias gallinas, pero las gallinas de cada generación cambian. La caligrafia, que se llevó largas horas de mi vida, se ha convertido en una expresión artística mientras que antes era una necesidad. 

Y siempre la eterna pregunta, ¿cuál será la gallina de la próxima generación? ¿Qué esperarán mis hijos de los suyos, que resultará ser "no tan útil"?

Y así iba mi mente mientras  separaba las almendras de las cáscaras, y es que siempre que lo hago me acuerdo de mi abuela. Le gustaba el café con leche condensada, siempre habían dulces en su casa, y en invierno, la chimenea encendida. Hoy su biznieto habla por el reloj como James Bond y come KFC y ni lo coge, ni lo mata, ni lo pela, lo pide por teléfono. La caligrafía y la buena presentación por escrito no es importante para él, porque el ordenador ya hace esas cosas. ¿Qué gallina tendrán que desplumar sus hijos?



lunes, 20 de enero de 2020

La RESTHECA: El cambio ha empezado.

Te has preguntado cuántas veces has utilizado un taladro. Creo que hace más de ocho que no cuelgo un cuadro. Pero tengo una Black and Decker en una caja.

Algo así le pasa a mucha gente en una ciudad. Te regalan una máquina para hacer pasta pero tras la primera experiencia, te das cuenta de que lo que te gusta es hacer gofres pero y si después descubres que tampoco es para ti.

Esa lana que ocupa un cajón con proyectos que nunca terminaste, los bastidores de bordar que ya no puedes usar porque no ves.

Cada vez las casas son más pequeñas y un día invitas a tus amigos y piensas que estaría bien tener una cubitera, una heladera para el vino y unas copas que no te caben en el único armario de la cocina.

Pero estás salvado, ahí está la RESTHECA (res=cosa y theca=conjunto) , la biblioteca de las cosas, donde puedes coger prestado un martillo o un destornillador, o una máquina  para hacer helados, o el RESCLUB, donde por una módica cantidad compartes con otros socios de tu comunidad ropa o complementos de fiesta, una bicicleta, o una sierra eléctrica, o una comunidad de trueque donde todos los socios dejan cosas a cambio de cosas, o incluso tiempo o trabajo.

Las tiendas de segunda mano se han extendido, pero lo realmente importante es que la conciencia de propiedad está desapareciendo pese a la desconfianza de los que ya tenemos cierta edad y fuimos educados en el tanto tienes tanto vales.

El sentido de pertenencia a la comunidad de la sabana, se pierde en la ciudad pero parece que el ser humano no está destinado a aislarse de su comunidad y se echa a la calle para manifestarse por sus derechos o por los de la Tierra y cada vez va menos con el tanto tienes y más por ¿y tú que compartes, coche, piso, ropa, cafetera?.

La responsabilidad y la confianza, el sentido de pertenencia pasa de ser propiedad a ser comunidad. Me gusta esta nueva era menos consumista y más cooperativista. Esa es la educación que no se imparte porque no se puede dar sino recibir.


lunes, 13 de enero de 2020

Libros para un "hygge time": Una columna de fuego "

Tengo que reconocer que pese a haber estudiado filología inglesa y ser una apasionada de la literatura, Ken Follett entró tarde entre mis autores seguidos, que no favoritos.

Lo descubrí muy por casualidad, por una conversación espiada en la librería y allá que salí yo con mi primer de muchos 'tochos', porque empezó a ser común escribir en formato 'que te dure todo el verano y parte del extranjero'. Confieso que Los pilares de la tierra me encantó, y no esperé a que me regalasen  Un mundo sin fin.

Luego vinieron las guerras mundiales y me enganchó el culebrón internacional y la forma de introducir los datos históricos. 

Pero este libro, La columna de fuego, lo cogí a cambio de otro libro que me habían regalado para Navidad y allí se quedó, esperando el verano, y otro verano... Supongo que el título y el volumen me daban demasiado calor.
Pero que no se diga. Empezó el curso 2019 y aunque fueran unas páginas al día, lo acabaría.

Otra de las cosas que postergó su lectura fue el tema. La lucha por el reino de Isabel y María y la contienda religiosa entre protestantes y católicos estuvo presente en mis estudios por la vinculación del departamento de literatura inglesa de la Facultad con el Instituto Shakespeare. Era más de lo mismo, y después de leerlo tengo que decir que de todas las obras que he leido de Mr Follet, esta es la que menos me ha gustado.

La conexión con las primeras es poco menos que anecdótica y tiene una estructura parecida a las de las Guerras Mundiales. Pero a mi me gusta reflexionar sobre el por qué de las cosas y entonces caí en que en las primeras novelas los malos eran muy malos y los buenos muy desgraciados y en las otras no habían buenos ni malos, solo circunstancias.

Me perturba saber si el "empoderamiento" de las mujeres de la novela es de admiración o una oportunidad ventajosa digna de algunos de algún que otro de sus personajes. 

Creo que sigo siendo una romántica empedernida y la justificación de los actos innobles es demasiado real, así que seguiré buscando... Por fin llegó el invierno.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Nos bebemos los no propósitos.

Hoy es el último lunes de un año que no ha sido malo, pero que hace desear que el siguiente sea mejor. 

Este fin de fiesta no voy a poner propósitos, sino que directamente voy a desear, para que las fuerzas del universo confluyan para que se realicen... Y acto seguido me viene a la mente el "cuidado con lo que deseas" y es que a veces, para conseguir lo que queremos, lo que pasa por en medio no se puede considerar precisamente bueno.

Ni propósitos ni deseos. Así que que tal si empezamos a decir lo que no haremos el próximo año... "De este agua no beberé". 

Si los propósitos no se cumplen, los deseos son peligros y siempre acabamos haciendo lo que no queremos...

Que este año 20-20 se cumpla la ley de Pareto y que de nuestro 100% de propósitos, se cumplan el 20%, el resto, ya veremos que hacemos con ellos. 

Lo que si que podemos hacer es proponernos que nuestros deseos buenos y amables de salud, armonía y prosperidadpara los demás se cumplan y podamos beber por ellos aunque sea con agua. Nos leemos al año que viene... Bueno, si quieres. Mucho hygge, pero del bueno.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Educados para la resiliencia. Permacultura y evolución. Introducción.

 

EDUCADOS PARA LA RESILIENCIA

Permacultura y evolución.

INTRODUCCIÓN

La primera vez que oí hablar de permacultura fue en un video sobre homeschooling a una madre que había decidido educar a sus hijos en plena naturaleza. Ella era permacultora y daba conferencias en las que sus hijos la acompañaban. Decidían cada mañana el planning para el día, se repartían las tareas y dedicaban un tiempo a la adquisición de conocimientos- ¿Perfecto? Uno se quejaba de que el colegio no le gustaba, el otro de que echaba de menos tener amigos.

Cuando digo que estaba buscando información sobre homeschooling, es porque había visto una familia alternativa en televisión que educaba a sus hijos sin normas y sin ‘colegio’. Y después de 15 años en la docencia y 2 hijos que comenzaban a preguntarme el por qué de ciertos temas que ni yo misma tenía claro, era el momento de revisar lo que entendía por educación.

 Así empecé a cuestionarme hacia donde iba la educación y si no había llegado el momento de favorecer el cambio. Y casi sin darme cuenta entré dentro de los conceptos permacultores con las limitaciones de espacio propios de la ciudad y de mis limitaciones y prejuicios que pesan más que mis nuevas ideas. Pero con todo  empecé por cultivar un huerto en mi balcón con habas, lechugas y fresas y a preparar plantel para un terreno y he dejado lleno de semillas dispares y estamos observando que pasa mientras hemos empezado un pequeño huerto tradicional. Y de nuestra observación la primera conclusión que podemos sacar es que no somos agricultores. Es una observación humilde pero que llevada al terreno espiritual se ha convertido en algo muy enriquecedor.

 La permacultura que nace dentro del ámbito de un cultivo de subsistencia, no invasivo, regenerativo y permanente se ha ido ampliando a un modelo de vivencia personal que ha llevado a muchas personas a abandonar las urbes en busca de espacios donde poder poner en práctica lo que una pequeña terraza no les permite. Fukuoma o Holmgre se han convertido en los filósofos y precursores de este nuevo concepto o forma de vida que no sólo se ha materializado en la agricultura sino también en la arquitectura. Planificar, desarrollar, mantener, organizar y preservar el hábitat para que sea capaz de sostenerse en el futuro. Es algo más que confiar en la resiliencia, en la capacidad de adaptación a las dificultades, es observarlas para ayudar a la naturaleza a la que hemos maltratado a renutrirse y a covertirse en una productora perenne de productos.

La Permacultura también ha dado pie a que practicantes, diseñadores y organizaciones busquen modelos de financiación menos sistematizados sin apoyo de corporaciones, instituciones o gobiernos. Los ejes centrales de la permacultura son la producción de alimentos, abasto de energía, el diseño del paisaje y la organización de (Infra) estructuras sociales. También integra energías renovables y la implementación de ciclos de materiales en el sentido de un uso sustentable de los recursos al nivel ecológico, económico y social.

Desde sus inicios a finales de los años 70, la permacultura se ha definido como una respuesta positiva a la crisis ambiental y social que estamos viviendo.

Crisis, ese ideograma chino de peligro y oportunidad. Veo peligrar mi puesto de trabajo por la aparición de un nuevo paradigma educativo y el sistema de bienestar en el que hemos estado falsamente acomodados mientras consumíamos sin fin y sin sentido una serie de productos absolutamente prescindibles.

Echando la vista atrás ahora soy más consciente de lo que entra en el armario y capaz de ser más creativa y solidaria con lo que sale. Si está bien se da y si no se recicla. Los calcetines que se les quedan pequeños a mis hijos son ideales manoplas atrapapolvo. ¿Alguien recuerda que antes las medias se recuperaban con agujas especiales y que las patatas de los calcetines se zurcían con un huevo de madera?  Muchos que se llaman ecologistas no han zurcido en su vida un calcetín, porque sostienen que no hay que llegar a extremos. Son los mismos que luego se encadenan a los árboles o deciden no tener hijos porque destruiran la tierra. No son sostenibles. Menos mal que sus padres no pensaron así. Pocos de los chavales del 15M han ido a un colegio de monjas donde les han enseñado a bordar y a zurcir. No son culpables de haber recibido una educación llena de conocimientos inútiles. Ni de tener unos padres que han tenido que salir a trabajar y que con ese dinero compraban más calcetines en vez de remendar, o sábanas nuevas en vez de parchear, a lo sumo un parche adhesivo en el pantalón, que mira tú por dónde resulta que  está hasta de moda.

 Y de ahí la idea, permaeducación. Si se han elaborado los principios para un modo de vida sostenible y perenne por qué no dotar a la educación de un planeta en crisis de la capacidad de ser sostenible, gratuita, solidaria y perenne. Dejadme que os lo explique.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Tres años y un día de hygge.


Tres años y un día suena a condena, y sin embargo no me he sentido más libre ni en paracaídas.  

Ya son tres años apostando por el hygge y ahora que por fin parece que el temporal emocional, de final de trimestre, amaina, empieza otro temporal de viento.

Hay objetivos por cumplir, muchas reflexiones por hacer y la Navidad a la vuelta de la esquina. 

Quisiera creer que vivimoshygge ha animado a alguien, le ha sacado una sonrisa o le ha enseñado algo. 

A mi, la experiencia desde este lado, me ha relacionado fugazmente con  instagramers, y largamente con gente muy 'bonita'. Me han hecho sonreír personas que viven la vida con dificultades y mucha ilusión. Sigo creyendo que el tesón y el esfuerzo pueden más que la capacidad académica. Y aprendo  de madres que se consideran malas porque no son superwoman, aunque los demás las vean así. 

Me he roto física y emocionalmente más de dos veces en un mes  y estoy deseando que llegue la de arena, porque de cal estoy 'blanca', así que me voy a conformar con 'casis' y voy a tomarme el té con manta y chimenea. 

Fuera el viento amenaza con hacernos amanecer en Oz, sin corazón, ni valor, ni cerebro y con dolor de cabeza. And if things don't go right I will go left. 😉



martes, 3 de diciembre de 2019

Coaching en el uso de energía solar.

Respondía a un perfil de instagram que preguntaba que cuál de los cambios por la sostenibilidad nos había costado más adoptar. Ellos confesaban que el tema de las bolsas de plástico. Yo contesté que la energía solar.

No hay nada que cree más infelicidad que la incertidumbre, no saber si tendrás trabajo, si tus hijos podrán estudiar, si habrás comprado los billetes correctos para el avión.  Cada cambio drástico supone un periodo de adaptación, salir de la zona de confort, aceptar limitaciones y tal vez algún beneficio.

Llevo más de tres años funcionando y aprendiendo cada día algo nuevo de la energía solar. Creo que lo primero que tendríais que tener claro si queréis pasar a este sistema no es la inversión y en cuanto tiempo vas a amortizarla, porque pese a lo que te prometan, podría ser demasiado tiempo. Tiene que tratarse de un convencimiento personal, de un acto responsable hacia el medio ambiente.

Una  vez superada la cuestión económica viene la localización. Aunque no se trata de una obra debes pedir permiso al ayuntamiento que te informará  de la distancia, y otros temas legales.

Pero lo realmente importante es aprender que hay límites de consumo.

Aunque el equipo solar te permita tres días de autonomía, si no hay sol, eso significa que solo podrás encender la luz y con un poco de suerte alguna lavadora, aunque mejor cuando salga el sol, y así la secas. Necesitas algo que sea complementario para darte algo de seguridad cuando llega una borrasca que amenaza con durar más de tres días.

Por todo esto, he pensado que tal vez, ahora que estás sentado en tu sillón leyendo este post, sea el momento de reflexionar sobre el primer item, energía solar sí o no.

Si la respuesta es si, recuerda que lo que tengas que hacer que requiera electricidad debe hacerse cuando hay mayor carga de luz solar. El calentador a las 12 y a las 4 en invierno y si el termo del calentador es bueno llegas hasta las 8 del día siguiente y tienes que poner el lavavajillas después de comer o programado para las 11 de la mañana.

Debes saber lo que gastan tus electrodomésticos y, cuando los vas cambiando, mejorar su eficiencia energética.

Mucho hygge. Y si tienes dudas por instagram te cuento.