lunes, 4 de octubre de 2021

De peligros, miedos y miserias.


Hay que ser sinceros, por lo menos con uno mismo. Necesito escribir como respirar y respirar para vivir. Así que de nuevo la soledad de los lunes da para reflexiones profundas y no tan profundas, porque la vida es tal que así.

Necesitamos cambios, y proyectos pero lo más importante era recoger fuerzas para soltar. He soltado lastre y he aprendido que, a veces, ganar un poco más sirve para gastar más en la salud, que pierdes cuando no tienes tiempo para tí.

Pero lo que me ha decidido a reiniciar este hilo es, que tras un año si visitar el sitio, los posts siguen leyéndose y desde lugares remotos. Nadie es profeta en su tierra.

Y por supuesto que había tema. 

Anoche de camino a la ciudad, entre un tráfico denso y adelantando, el coche se paró. La pericia de mi DH y la percepción de peligro de los camioneros, fueron cruciales para que, aprovechando la inercia del coche, volviese a la derecha y entrase en una zona de descanso a la que no pudimos llegar porque estaba elevada. Parados, a oscuras, en medio de la carretera, fuimos conscientes de que alguien nos protegía.

En el panel de control habíamos leído, "Averia, vehículo parado en un kilómetro". Eso despertó el instinto de alerta. No había nadie parado en un kilómetro, bueno, ahora sí.

Hay situaciones que te ponen en contacto con tu fragilidad y te hacen querer aprovechar mejor los momentos, tanto buenos como malos. Porque el mindfulness te hace percibir lo que hay en cada adversidad, con intensidad. Te conecta con todas tus dimensiones y te hace ser agradecido. 

Las pequeñas miserias se convierten en oportunidades y las zancadillas en afán de superación. Ayer hubiera dicho" El que contra tí conspire, delante de tí caerá," Isaias 54;15, al estilo Jacques de Molay y hoy solo kaizen y mucho, mucho hygge. 


martes, 16 de febrero de 2021

Nuevos proyectos.

 


Durante y después del confinamiento, muchos influencers, you tubers y demás fauna de redes se ha quejado, y no sin motivo, de que ni los videos tienen las mismas visualizaciones ni parecen cautivar con la misma intensidad. Insta y tik han desbancado con su inmediatez a la audiencia. La publicidad intrínseca es continua y no hay que ir poniendo etiquetas, y el tiempo que pierdes en montar un video lo pasas haciendo stories que no necesitan tanto cuidado.

Lo hygge ya no está de moda, pero lo contrario tampoco. disfrutar de las pequeñas cosas se ha convertido en un día a día con el confinamiento. Lo minimalista, a fuerza de ser exigencia diaria, ya no seduce. Queremos más de todo, porque lo que teníamos, a fuerza de ser tan poco, nos aburrió. No pidas slow que ya vamos a paso tortuga, por favor.

Mari Kondo pasó de ser anhelada a ser la rutina. Yo misma encontré mi gorra comprada en una famosa sombrerería de Viena hace más de 20 años. Pocos cajones se habrán resistido al ataque de aburrimiento infinito.

El mundo está cambiando y necesitamos tiempo para ver hacia dónde. Será hacia atrás y volveremos a la sabana o nos aislaremos en nuestras celdas urbanitas. Sea como sea ha llegado el momento de reinventarse.

Así que ahora sí. Este blog llega a su fin. Nos vemos en otro proyecto, en breve. 

lunes, 8 de febrero de 2021

Nos podamos, nos podemos.


El atardecer del sábado me pilló en el olivar, entre ramas podadas y un perfil cambiado del pueblo del que ya os hablaré. 

Esta tarde tocaba poda y me planteé cómo podríamos hacer eso mismo nosotros con nuestros hábitos, ideas preconcevidas, rencores, lastres... Todo aquello que nos pesa y no nos deja dar fruto nuevo ni en abundancia. Ojo que a veces esas ramas nos hacen felices, pero necesitamos que alguien nos visualice sin ellas para darnos cuenta de que podemos estar mejor sin su carga emocional. 

Podamos las ramas secas, nuestros aprendizajes viejos;  las ramas que van hacia dentro, nuestros temores y los palos que salen rectos hacia el cielo, porque solo dan fruto en la punta y el aire lo tira, porque carece del refugio de las demás ramas. Dejamos alguna baja que sale por debajo de las principales por si acaso algún día nos reinventamos y tenemos que podar ramas principales de sustento.

La vida está en constante cambio, y si no ayudamos a que se produzca, si nos inmovilizamos, nos petrificamos, nos enamoramos de nuestra agreste maraña de pensamientos, perdemos de vista lo esencial y acabamos suponiendo un lastre para nuestra propia evolución y nos quebramos. No es malo, es otra forma de proceder, se llama autopoda pero tenemos que aceptar que si no nos entra la luz, si no dejamos espacio para la creatividad, no daremos todo nuestro rendimiento y llegaremos alto, pero vacíos. 

La poda no asegura que seamos más productivos o que no nos rompamos, el tiempo y las circunstancias también influyen pero cuanto más ligeros nos pensamos, cuanto más renovados, tanto más preparados estamos para recomponernos.

Así de filosófica se puede estar si te podas el móvil, las tareas de casa, las lecturas, las películas, el sofá y sales a disfrutar un atardecer fresco, dedicándote a los demás, abrazando los árboles, dando apoyo al podador. Luego fuego en el hogar y una cena en casa, que de momento es lo único que nos dejan. 

lunes, 1 de febrero de 2021

Entrar en hygge.

Me ha parecido curioso el término "entrar en shock" como si alguien abriese una puerta al trauma, al dolor y entrase acomodándose en la nada, en el bloqueo. 
Y para salir del shock, ¿Por qué no entrar en hygge? 

Se consciente, abre tus emociones-casa, comparte tus sentimientos-hogar, pasea por lugares soleados-carga las baterías, compra flores frescas-rodeate de belleza, enciende velas-iluminate,  acogete en un entorno connocido donde te sientas protegido-tradiciones. Date permiso para disfrutar una copa de vino, un té o un café con tus recuerdos. Lloralos, cuestionalos y preguntate y sigue llorando. 

Cerrar las puertas, apagar las luces, prohibirse recordar y experimentar dolor, deshacerse de los viejos recuerdos, negar, negarse y contenerse es la mejor forma de alargar la inquietud. 

No me exijo, pero solo por hoy, voy a entrar en hygge, a angustiarme si me apetece, a compartirlo si me desborda y a poner flores y velas a mis dolores mientras pongo a trabajar a mi yo creativo, que es muy romántico y se congratula en estos momentos, para resurgir renovada y lo llamo olvidar y perdonar para continuar. No hay armonía sin silencios ni música sin sonido...¿O sí? Pero eso es otra historia. 

lunes, 25 de enero de 2021

Discreción y amabilidad, valores para hygge en el trabajo.


 Me han preguntado si hay hygge en el trabajo. Realmente en el trabajo también  debería haber un hyggekrog, un espacio donde poder sentirte bien. Con la pandemia, ese debería ser un sitio donde estuviese permitido quitarse la mascarilla con cierta seguridad y sin riesgo para los demás, una ventana, una terraza... Y si eso no es posible, por lo menos un sitio donde estar confortable al menos diez minutos.

Pero más que un espacio, debería ser una actitud, una UCI de palabras.

Resulta tremendamente doloroso recibir críticas, incluyendo las constructivas. Pero hay una categoría totalmente anti hygge que pretende ser constructiva y que por el intento, excesivamente rebuscado, de no ofender, se convierte en desconstructiva. ¿Por qué es peor? Porque en esencia pretende pasar por constructiva y destruye de un plumazo al que la recibe, porque se le recuerda que no ha hecho algo bien, que se ha equivocado, que no lo tiene todo controlado. ¿A quién le gusta esta emoción: equivocarse en una relación, en la crianza de los hijos, en una mala compra o gestión?

Por otro lado, la crítica desconstructiva, puede rozar, dar o golpear a alguien que pasaba por allí y se siente el causante del error, del equívoco, de la mala actuación.


Y ¿cuál es el cuidado especial? No es fácil, porque en estos momentos hay mucho miedo al virus. Las emociones están a flor de piel. Hay que poner atención plena (mindfulness ) a las situaciones que nos angustian y no pasar la pelota con mis temores a otros que pueden tener igual o más carga que yo. ¿Qué puedo hacer por tí? Dime que hago las cosas bien en público y las que hago mal en privado. Creo que el sentido común no puede dejarnos en este momento y decir lo que se hace mal en público puede provocar daños colaterales. Es la hora de la discreción. 

Siempre he creído que tratamos de hacer las cosas lo mejor que podemos, sabemos o nos dejan. Que somos falibles. Pero no todos creen lo mismo. Hay quien piensa que no todas las personas buscan el bien común, que hay quien se escaquea, quien obra el mal, tal vez porque albergan la semilla de la crítica desconstructiva. Para mí también es fácil estar en este lado, requiere menos esfuerzo, pero estoy desaprendiendo este y otros comportamientos tóxicos. Te invito a desaprender conmigo. 

Si quieres que tu espacio de trabajo sea hygge, centrate en  hacer lo que mejor se te da, de la mejor forma posible; es presuponer que los demás hacen lo mismo, en alabar los aciertos en público y corregir en privado o no corregir, esa es otra opción. En definitiva empatizar y ser amables. Y si te pasas al lado oscuro, rectificas, te disculpas y das de nuevo la mejor versión de tí mismx, ho'ponopono. 

Un espacio de trabajo amable hace más llevadera la carga que ejerce la mascarilla, la incertidumbre y los reproches. A los amigos los elegimos nosotros, pero los compañeros nos vienen dados, sin embargo, funcionan las mismas normas de cuidado mutuo porque el fin es el mismo, llevar un proyecto adelante y con éxito. 

Feliz lunes y mucha amabilidad. 



lunes, 18 de enero de 2021

Sentido, agenda y sol.

 


El post preparado para hoy era bastante serio y reflexivo, pero hoy no estamos en ese "mood”. Después de un fin de semana que se presumía como principio de otro confinamiento domiciliario y que acabó siendo cálido y soleado, mi piel se ha dado un baño de sol, de ese que tanto aprecian los nórdicos, y con un humor tan hygge lo mejor era seguir así de positiva. 

Este año no hice el post de propósitos y quería hacerlo, para variar, una vez bien estrenado el año. 

El primero y que se ha convertido en esencial es el de conservar el sentido común. Parece que debería ser tratar de sobrevivir al Covid, pero eso es más un deseo que un propósito. Prefiero esgrimir el sentido común, como propósito, porque no podemos dejar de lado la protección, propia y ajena. Tenemos que alimentarnos de forma racional. Ser consecuentes con la naturaleza. Lidiar con las dificultades cuando lleguen y estar preparados para los grandes cambios.

El segundo gran propósito es la organización. Pero no la de las cosas. Creo que por fin he entendido que los cambios van de dentro para fuera. Tener distribuídas las tareas a principio de semana y hacerlas es lo que permite poder escribir este post el domingo y no a última hora el lunes.

Y el tercero y más importante es que al finalizar el día no pienso en la lista de "todoes" sino en lo que he hecho y la satisfacción es más saludable que la ansiedad de lo que queda por hacer.

Y lo dejamos en tres, que es un número mágico. Aprovechemos el sol, la chimenea cuando hace frío y mucho sentido común. 

lunes, 11 de enero de 2021

Orden, caos o 'nada'.


Al principio fue el caos, no la nada, y cuando el caos se ordenó, apareció todo. He reflexionado seriamente sobre mi y el caos.

Al llegar de vacaciones cogí la caótica carpeta para buscar unos documentos y me llevó apenas unos segundos encontrarlos, en ningún lugar en concreto. 

Sin embargo, cada vez que tengo un ramalazo organizativo, traspapelo profundamente los documentos, hasta el punto de no volver a encontrarlos hasta dos o tres años más tarde. 

Es preciso que la conclusión sea que dentro de mi caos está mi orden.  

Ahora bien, lo que aconsejan las gurús es la nada. Si tiras o ”declutteas” y te quedas con casi nada, encontrarás... ¿El orden? En mi caso solo ’la nada' así que me he pasado al lado oscuro del desorden y tengo que decir que tampoco funciona porque, aunque lo encuentro todo, anímicamente, no me siento bien porque en el desorden solo se es feliz  cuando no eres consciente o no tienes que soportar las críticas de los demás. Es tremendo el grito silencioso de quien ve tu armario del trabajo o te ve buscando en el carpesano.

Así que mientras me debato entre el ser y el no ser lo hago desde un confortable sofá delante de la chimenea porque en el resto, hoy, habita Filomena. 

Reflexionaremos y ya os voy contando si elijo orden, caos o 'nada'.

lunes, 4 de enero de 2021

La lavadora y la relatividad.


Hace algún tiempo reflexionábamos sobre los calcetines perdidos en un agujero con vórtice en la lavadora. Ahora se conjura el tiempo. Supongo que alguna lavadora será exacta, pero la mía se toma su tiempo y supongo que lo que te da es una aproximación temporal, que pese a ser alemana, no hace honor a su origen. Yo creo que si pusiera un rato o un rato largo sería más exacto. En cuanto al último minuto, dura entre medio e infinito. El tiempo de la lavadora es relativo como relativo es el luego de un adolescente o unos días cuando pides algo en cierto comercio online. 

Pero si hace un trabajo que hacíamos las mujeres y ya no tenemos que hacer y a ella se suman el lavavajillas y la aspiradora, ¿Cómo vas a exigirle tiempos exactos si no tienes que pagarles nómina? Pero no queda aquí la reflexión. A alguien se le ha ocurrido medir el tiempo que un maestro pasa en el colegio, mientras en  Europa evitan que el profesorado pase más tiempo del que tiene de presencial en el centro. (Seguimos siendo el norte de África) De igual modo no se contabilizan las correcciones, ni las evaluaciones, ni la preparación de las programaciones... Si haces latas de tomates, fichas y listo. Pero cualquier profesión que tiene como centro el ser humano o aquellas que son creativas, requieren un tiempo relativo.  No me olvido de los emprendedores, ahí los días no tienen horas, son las horas las que tienen días. 

Me siento como cualquiera de los animales de esa viñeta que pretende examinarlos a todos por la misma capacidad, la de subir al árbol. Está claro que solo el examinador es mono.

Menos mal que mi lavadora no es juzgada por un mono y yo no voy a controlar el tiempo. ¿Tengo la ropa limpia? Soy feliz.

Así que otro tronco a la chimenea y otro té calentito mientras el lavavajillas limpia los platos de la comida. Solo nos falta una máquina que empareje los calcetines. 🧐

lunes, 28 de diciembre de 2020

Libros para un ”hygge time”: La luz más oscura”

 


Tengo que reconocer que nada es gratuito en este libro de MJ Goya Martín. 

Me tenía ya ganada con el tema de fondo, aunque es un poco lazo, lo que ahora sería fake y muy Assassins, desde mi punto de vista.

Me ha encantado que escribiera sobre lo que conoce, el duro mundo de la minería, factor riesgo, mandamases sin escrúpulos, gobierno sin rumbo y personas al final del tunel... 

Aunque tengo que reconocer que me he perdido en los tecnicismos, he aprendido que hay un lecto desconocido para la inmensa mayoría y que si alguien tuviese que hacer la traducción necesitaría un minero para asesorarle.

A lo largo del relato se transmite el valor  de actuar por el bien común. Los dos personajes principales son muy altruistas y ese parece ser el vínculo entre ellos, que de otra forma no tendría sentido. Es por eso que algún acontecimiento de la novela, que parece no venir a cuento, es necesario para entender por qué Miguel y no otro.

¿Lo recomiendo? Sí, porque tiene algunos ingredientes que busco en una novela, ahora: he aprendido, hay un trasfondo histórico, no es largo y todo hace presumir que no es de ”sang i fetge". ¿La incluiría entre mis novelas favoritas? Se nota demasiado que se ha querido seguir un patrón de éxito y no es malo seguir las fórmulas, pero, como en repostería, a parte de la receta, están la experiencia y el secreto del pastelero. 

Esa novela que se lee de tirón en tarde de frío bajo una manta hygge, palomitas, un tazón de chocolate y dejamos la receta gourmet para otro día.


jueves, 24 de diciembre de 2020

Navidad, después de todo.

 


Parecía que no superaríamos septiembre sin llegar al confinamiento y estamos acabando el año. Estamos, que es importante. Compartiremos aunque sea hoy con unos, mañana, pasado...Alargaremos los días pero nos veremos. El watsapp está que arde de felicitaciones, villancicos y de fotos de los peques.

Cambiar el modo de hacer las cosas no es malo pero deja cierta desazón porque no se cumple con tradiciones. Pero mejor cambiar que dejar.

Podemos celebrar que estamos, aunque no estemos juntos. Podemos brindar por todos, aunque no estemos todos en la misma casa. Podemos regalar una llamada de teléfono, una videoconferencia, un mensaje. Dejar de quejarnos por no tener tiempo, porque tenemos todo el tiempo del mundo para querernos.

Estés donde estés, hoy alzaré mi copa y cuando diga por nosotros será también por los que estéis brindando conmigo, como si un lazo atemporal e interdimensional uniera nuestas copas en el deseo que, por primera vez en muchos años, nos une a toda la humanidad. 

🥂

lunes, 14 de diciembre de 2020

La vida es como ir en bicicleta.

 





La vida es como ir en bicicleta, parafraseando a Albert Einstein, nada más cierto. Para lograr el equilibrio hay que seguir pedaleando o lo que dice mi gestor de datos, seguir moviéndote.

No son buenos tiempos para seguir haciendo lo que hacíamos, ni para seguir pensando que el esfuerzo de hoy será el relax del mañana. 20 años esperando son suficientes para darse cuenta que tu trabajo hoy será el mismo que el del año que viene, y esa falta de culto al esfuerzo que recriminamos a nuestros jóvenes, es nuestro nirvana inconquistable. Nos seguiremos esforzando para sostenernos en la cresta de la hola o nos caeremos de la bici.

No parar. Si no es tiempo de crear, aprendemos. Si no hace tiempo para caminar, planchamos... pero hay que moverse para que no nos pueda la sensación de fracaso, de objetivos no conseguidos.

Es fácil pedalear por lugares llanos y solitarios, que es lo que han hecho los creativos en redes sociales y plataformas virtuales durante estos 20 años. Pero ahora es cuando viene la cuesta y veremos quién resiste y quien no. No servirá de nada ser el mejor ni el número uno. Es la época de los bambú, los que se inclinan cuando pasa el viento y se enderezan ante el buen tiempo. Aquellos a los que se les oye crecer si guardas silencio. 

Tienes varias opciones si eres un emprendedor de los que has sido sacudido por esta crisis. Lamentarte y pasar a engrosar las ordas de empleados de las que te jactaste de haberte librado; reinventarte, si sabes qué @#€. es eso; hacer frente y resistir cual roca transicional o pedalear. Si se te ocurren más opciones, cuentas con mi apoyo incondicional, pero yo voy a tatuarme una bici (pediré un colgante a los reyes), y voy a seguir aunque solo sea por mi propio equilibrio personal. 

Así que hoy nada de manta y chocolate. Si acabo de corregir a una hora prudente voy a  guardar la ropa, literalmente. 

Mucho hygge.

lunes, 7 de diciembre de 2020

Empezar a acabar.

 


La expectación que está generando la Navidad este año no es comparable a la que genera el fin de un annus horribilis, que me río yo de los que acompañaron a la corona británica. 

Pero ¿qué esperamos de este nuevo año? Una pandemia no nos ha enseñado lo que tiene valor. Los imcendios de la Amazonia se han olvidado y los desastres naturales no nos han ensordecido. La naturaleza grita y patalea sin por ello conmover nuestros sentimientos.

2021 deberíá ser un año para poner el contador a cero y volver a empezar, pero bien. Hay como un pánico contenido que nos impulsa hacia el consumo en lugar de hacia el sosiego y la calma. 

Creo que voy a dejar pasar el tren, no voy a coger ningún toro por los cuernos ni voy a salir de mi zona de confort. Ha llegado el momento de concentración en lo que hay y de disfrutar lo que nos dejen las circunstancias. El giro va a ser expectacular, hacia mí misma.¿Y quién sabe? Tal vez descubra que no me gusta ser vegana, ni minimalista, ni ordenada...

Ya he descubierto que me gustan los gatos, el chocolate en tazón redondito, las mantas mullidas y las chimeneas encendidas. Que no me gustan las mezclas de tés con frutas, los calcetines con muñecos en las puntas, los dulces sin azúcar y las personas sin humanidad.

Creo que estoy en el camino correcto.


lunes, 30 de noviembre de 2020

Parecía tan lejos. Jul er her.


Hace unos meses, el excepticismo y la incertidumbre nos amenazaban y, a pesar de la conducta irresponsable de unos cuantos, vamos hacia adelante con la mirada puesta en la Navidad.

Atrás el mes en números rojos que los comercios han ennegrecido pero que hace ver con más nitidez que estas fiestas deberán celebrarse con ilusión, ya que el dinero y el derroche no son recomendables en este delicado momento de ertes y cierres. 

Serán las fiestas de recuperar la cordura, de dar valor a lo que realmente lo tiene, de compartir pequeños detalles para compensar las macrofiestas. Sinceramente, no creo que lo sustituyamos, pero un 'break' nos va a venir bien a todos. 

Un mantel 'low cost', que queda más 'chic' que barato,  sencillo, pero navideño; reciclar las velas y los adornos con ideas 'cool' de las redes; pensar en esa cena casera en la que solo hay que sorprender a los de casa... estar bien y seguir cuidando la salud propia y prójima. 

Ya está el calendario de adviento preparado y el duende. Si no conoces su historia, aquí te la dejo.Historia del duende de Navidad.

Es el momento de consolidar  tradiciones La cuarta estrella de la Navidad. antes de que el nido se quede vacío. 

Celebremos la vida, estrenemos calcetines, taza para chocolate y disfrutemos de las pequeñas cosas. Julen er her. Glædelig jul. 

¡Ah! El duende tiene nombre, Julenissen.


lunes, 23 de noviembre de 2020

Té con tú.


Podríamos conjugar en verbo hartar con h aspirada (jartá) y no habrían suficientes personas. Yo estoy harta de la mascarilla, tú estás harto del gel, ella está harta de no salir de fiesta... Harta, saciada, cansada...

Pero de lo que no podemos estar hartos es de buscar, entre todo lo que nos pesa, lo que nos compensa. 

Me encanta la gente positiva que, con 70  años o más, todavía encuentra la parte creativa en está situación y se descubre cogiéndole el gusto a las videoconferencias o se reinventa para decirte que, ahora que no tiene que estar pendiente del horario de sus nietos, ha descubierto instagram o se ha hecho youtuber... Sí, también están los que pintan, leen o hacen crochet, y los que ven más tele que nunca. Todo para alejar el fantasma del tiempo robado, de los besos no recibidos... Es el momento más hygge, más entrañable ... Luego hay que ponerse la actitud de esto no va a poder conmigo si no pudo la postguerra, ni el aceite de colza, ni  las vacas locas, ni la gripe aviar y a descubrir nuevos horizontes.

Comparte su fuego, su sopa, su manta y llama a tus mayores. Dales un abrazo de tiempo y un beso de escucha y mañana será otro día....buen hygge.