Hay días en el año en que consideramos que celebrar consiste en consumir más y si puede ser mejor. Lo peor no es eso, sino que la mayoría de lo que pagamos no se consume y termina en la basura.
Una cena de celebración debería ser una cena elaborada con tiempo, para ser degustada con tiempo y plena conciencia, que no supusiese el sufrimiento de ningún ser vivo, ni del bolsillo.
Pero a esta conclusión no se llega de la noche a la mañana. Vivir con menos es vivir hyggelig porque no te endeudas, disfrutas de las cosas que tienes, no hay lugar para la envidia y sí para encontrar momentos hygge, tus huellas tienen menos impacto ambiental, no sientes desconfianza por perder lo que no tienes, desarrollas un estilo propio, no necesitas impresionar a los demás con tus posesiones materiales y ese desapego te hace ser más generoso. Ser minimalista es tener menos 'cosas' por las que preocuparse y más tiempo para los que te rodean y para ti mismo.
La creatividad, los sueños, el amor, la honestidad, la humildad...pueden ser tenidos en abundancia, consumidos y disfrutados y no pagan impuestos ni contaminan y generan confianza.
Seamos comedidos con lo que ponemos en nuestra mesa y generosos con lo que ponemos en el corazón, y si este año llegamos demasiado tarde, que lo sea para el resto del año que empieza.