martes, 27 de octubre de 2020

Sí a la felicidad.

 






26 de octubre y el sol brilla. Vale, hacía fresco y aire, pero brillaba el sol. Los días tienen luz y las velas son algo excepcional. Tan pronto podemos nos hacemos una siesta.

Sin embargo, teniendo dos de las cosas más anheladas por los nórdicos, no les ganamos en felicidad porque ellos no basan su felicidad en lo que no tienen, sino que la basan en el disfrute de lo que pueden, aunque solo sea un té y una manta.

No obstante, a nosotros nos puede la envidia, el deseo de lo que no tenemos. Y la envidia saca lo peor. La envidia compara y las comparaciones son odiosas, porque hasta en la de igualdad sale perdiendo el que no quiere ser mediocre ni igual a nadie. La envidia son celos de lo que pensamos de afortunado en los demás, mientras los demás ven cuán afortunados somos nosotros. La envidia es maledicencia, porque hablar mal de otros hace que no nos sintamos inferiores, aunque en ninguna otra ocasión lo demostramos más ni mejor. Y lo peor, cuando comfabulamos para empeorar la vida fe alguien. Es algo que no produce felicidad a menos que estés enfermo, y ¿Qué felicidad hay en la enfermedad?.

Noviembre puede ser un buen mes para deshacerse de la envidia y de las relaciones tóxicas y ser un poco más felices haciendo siestas al sol, antes de que llegue el invierno. 

27 de octubre, sol y aire fresco.

martes, 20 de octubre de 2020

GOT Winter is coming.

 


Mientras todas las piezas del tablero se lanzan acusaciones y se establecen mil y una teorías conspiracionistas, hay una realidad que no se manifiesta como otros años.  

El otoño de calabazas y colores cálidos en los árboles no parecen borrar el blanco de las batas. El Halloween no se dejará de celebrar aunque sea familiar. En la cola de una conocida marca de ropa, dos madres decían que, aunque el cole no hiciese nada, ellas iban a vestir a sus retoños igual que el año pasado, a pedir por casa de familiares y a hacer cena de Halloween, como si fuera Acción de Gracias. No sabía que hubiese una cena de Halloween. 

Si no fueran pocos los eventos a celebrar, nos inventamos más sin ser conscientes de que la situación ya es bastante terrorífica como para añadir extras.

Y llegará Navidad y el dilema de si compartes cena con los abuelos o no. Mientras tanto, das clase con tu atuendo Mr Scrooge de capas con guantes sin dedos y mantas porque hay que ventilar, sin que los que lideran tomen decisiones menos lamentables y más coherentes.

Nunca más que ahora el querer llegar a casa y prepararte un té caliente, mientras buscas la manta mullida y un buen cojín, pero eso sí, después de limpiar las suelas de los zapatos, tirar toda la ropa a lavar y ducharte, temblando por ese dolor que notas en la garganta mezcla de aftas de la mascarilla, ventanas abiertas y un aumento de chillidos para que te oigan los de la última fila.

Pero ahora es ahora y hay té, manta y post. Winter is coming, pero será mañana, o pasado. Celebramos la vida y, si te place, Halloween, pero antepón el sentido común.

lunes, 12 de octubre de 2020

Distraídos, que no deprimidos.



Cinco veces he empezado este post, pero no arranca por varios motivos y el principal es la distracción. 

Creo que el mundo no está deprimido, está distraído. Estamos preocupados, y no sin razón, por la salud, por el dinero y por el amor. Nos deprimen los datos y las estadísticas, la irresponsabilidad y la falta de sensatez, a todos los niveles. Nos deprimen los datos pesimistas sobre crecimiento económico, porque no tendremos dinero para consumir procesados, ni moda perecedera, ni para viajar al otro lado del mundo. Nos deprimen las barreras a la hora de entablar nuevas relaciones y de mantener las que tenemos. Pero esta manipulación emocional basada en los tres enemigos del alma nos distrae. 

El mundo ha parado y la tierra ha respirado. Los animales y la vegetación han continuado creciendo. El cielo es azul sobre las montañas, las nubes son blancas y densas. Las puestas de sol son así, como en la foto. Las palabras tardan en organizarse en nuestro post. Pero ahí están para quien quiera leerlas.

Parar no solo no es fácil, también es doloroso, pero las carreras a ciegas, como en los Juegos del hambre, solo sirven al propósito de algunos seres aburridos que encuentran satisfacción en la incertidumbre del ser humano. A ellos no les preocupa el dinero porque no saben que hacer con el que tienen y han aprendido que el altruismo y la filantropía son formas de marcar más las diferencias. La salud es tan relativa que lo único que preocupa es disponer del mejor equipo médico en la mejor clínica del mundo, que los hospitales son para las masas. Y el amor hedonista no precisa ni de distancia ni de las barreras. 

¿Quién está jugando con nosotros a hacernos mirar hacia la oscuridad cuando hay tanto por lo que mirar hacia adelante? 


Vale si no me compro tres pares de zapatos, con uno ya me vale. Vale si sigo haciendo galletas como en el confinamiento, vale si cobro menos y no puedo viajar y vale si trabajo menos y puedo sentarme a contemplar puestas de sol tan memorables y cercanas. Vale si hablo con los míos más y mejor que los nuevos pueden esperar. Pero , sobre todo, comparto a quien no le alcanza el dinero, el tiempo, el cariño, la salud...¿Qué puedo hacer por tí para que la vida no me coloque al lado de los que nos hacen mirar a la oscuridad?


Con los calcetines puestos y el ’cuppa’ en la mesita, os deseo felices sueños y una semana de amaneceres luminosos.




lunes, 5 de octubre de 2020

Intermitencias y latencias


Primer lunes de octubre y pasa de las 11 de la noche. No se si me dará la vida para publicar el post del lunes porque me acabo de sentar ahora, después de una intensa jornada de trabajo, comida estresada en dos turnos, a las dos y media adultos y a las tres y cuarto prole. Luego cambio de armario, porque empieza a refrescar. Compra, cena y fotocopias de última hora. No veo la hora de refugiarme bajo el edredón y dormir. 

Pero nos acercamos al objetivo y merece la pena. 

Hoy voy a retomar los principios del hygge danés y la poca o ninguna gracia que les hacen las comparaciones. Los americanos nos vendieron esas urbanizaciones con casas iguales en las que la competencia por tener más y mejor era lo más importante. 

En Dinamarca y, prácticamente, en todos los países nórdicos, trepar y sacrificarse por dinero, está mal visto. 

Por el contrario, dedicar tiempo a la formación y al crecimiento personal habla bien de nosotros. Dedicar tiempo al desarrollo de los hijos, también. 

Ahora mismo estamos todos en casa haciendo un poco lo que nos gusta, hay cojines y mantas mullidas, té y silencio. Así es fácil no desear el hygge del vecino. Más difícil sería no comparar, si la situación fuese a peor.

Pero ¿por qué tentar a la suerte? Ninguna comparación es correcta si no es con nosotros y siempre hacia conseguir ser la mejor versión de nosotros mismos. 

Así que telerin telerón, este post se acabó con un zapato en la mano y otro en el escalón, pero en lunes. Mucho hygge.


viernes, 2 de octubre de 2020

Árboles partidos.


Hoy el día ha amanecido ventoso, ha arrancado las celosías y alguna teja. Las sillas ruedan por la parte de detrás, y hace un momento se ha puesto a llover.

Pero lo más penoso ha sido ver como se partía la morera justo en el momento en que paraba el coche. La herida, desgarradora, no deja de ser metáfora para la suerte de situación en que vivimos. Se cayó nuestra sombra, nuestra intimidad... El viento ha partido el árbol por una herida que ya tenía. Posiblemente un sacrificio anterior habría evitado este desastre pero tal vez no, porque había un daño que requería acciones drásticas.

Haremos 'leña del árbol caído', literalmente hablando, mientras los distintos estamentos sociales hacen 'leña del árbol caído', en sentido figurado y se acusan sin fin por lo que pudo haber sido y no fue. 

Los habitantes de la sabana se preparan para reparar, limpiar, y sacar provecho del infortunio mientras los urbanitas lamentan, acusan y se repliegan en sus individualidades para tratar de solucionar una desgracia de la que sólo sacarán perdidas. 

Tengo mi taza de té, mis programaciones, veo mi Tara particular por la ventana  y haré como Scarlett: ya me preocuparé mañana. 


lunes, 28 de septiembre de 2020

Aire de la Mariola embotellado.


La mochila con agua, un poco de fruta y montaña arriba buscando oxígeno, aunque sea entre semana, que alguna ventaja tiene no vivir en una gran urbe. 

Es la cerveza del aperitivo, el vino del tardeo, el postre de estrella Michelin. 

Una bocanada de aire fresco te devuelve la vida y, con amenaza en ciernes, hay que aprender a sacar hygge en tiempos de covid. 

Hoy es viernes y hace aire. No me apetece salir. Tengo mesa nueva, la ropa recogida, el lavavajillas terminando y dedicaré la tarde a dejarlo todo bonito.

El otoño ha entrado fresquito y hay que sacar chaquetas, no queda lejos el hygge de invierno, pero no me adelantaré. Quiero comprar brezo y calabazas, velas y decorar un poco. 

Y hoy empiezo un nuevo proyecto en Más del garrofer eco. Porque de pronto he encontrado un agujero negro en el mundo de la nutrición y quiero llenarlo con las experiencias que recoja. 

El otoño viene lleno de proyectos y quiero volver a ilusionaros con todos. Mucho hygge.


 

lunes, 21 de septiembre de 2020

El noble arte de respirar.


No sé si alguien habrá echado de menos los posts, y no sé si alguien esperará una explicación, pero no la hay. No estaba de vacaciones, no hay falta de contenidos, no hay escusas ni justificaciones. Era hora de volver y aquí estamos, tumbada en un sofá, delante de una chimenea apagada, sin manta y simplemente disfrutando del noble arte, del placer increíble de respirar sin mascarilla.

Hoy me preguntaba qué tenía el hygge que decir de esta absurda, inquietante, incierta... situación que se nos ha venido encima.

Ellos, los gatos, lo tienen claro. Cojín y chuches. Sillón, confort y taza con. Hoy el hygge no estaba en casa, hoy he entendido el hygge que ellos, los gatos y los daneses, experimentan. El de buscar un sitio al sol, donde corra el aire, una ventana abierta, y quitarte la mascarilla para respirar. Esta dieta de oxígeno hace que un poco de aire fresco se convierta en el mejor cigarrillo, en el café más oloroso, en el pastel que recuerdas con nostalgia. Echar de menos el aire es doloroso porque nos hace recordar cómo hemos ido renunciando al agua de manantial, al pan recién horneado. Como hemos sustituido lo natural por plástico y de pronto me han entrado ganas de poner Lorax a mis alumnos, porque el ’malo' quería vender oxígeno embotellado.

Quitarte la mascarilla 5 minutos mientras almuerzas o tomas un café se va convirtiendo en 6 o 7 minutos de pijama y calcetines. Pronto llegará el invierno y tendremos que reinventarnos. Pero el otoño trae alivios que llenan el alma. Respirad y mucho hygge. 


martes, 7 de julio de 2020

Esencias de hygge.



Te levantas por la mañana con el inconfundible olor a café. La ducha deja en tu piel olor a jabón hecho en casa. Un poco de la colonia que dice que has estado ahí, pero que no molesta. Sales de casa y huele a tierra húmeda y a hojas.
 
Luego te metes en el coche y todo deja de ser hygge. En el trabajo huele a desinfectante o a humanidad.
 
Vuelves a casa y huele a aire limpio. Entras y empiezas a preparar el guiso de 'casa' que por fin sabe como el que hacía tu madre. El vino tiene matices frutales o de roble viejo. La fruta derrama en el paladar aromas frescos y llenos de vitamina C.
 
De nuevo en la vorágine de la ciudad el mejor supermercado de la ciudad huele fatal, la ciudad se llena de humo y de personas caminando por el cinturón de la ciudad para desoxigenar los pulmones en pro del colesterol o el azúcar...
 
De nuevo en casa, chocolate caliente, leña quemada en la chimenea, aroma de colonia infantil sobre las almohadas. Cabecitas húmedas que huelen a jabón.
 
Un 30% de la población padece de anosmia, incapacidad total o parcial de percibir los olores. Creemos que no tiene importancia pero a parte de impedir el total disfrute de lo que nos rodea y de lo que comemos, además pone a quien lo padece en situaciones de peligro al no poder percibir una fuga de gas, o humo.
 
Recordemos que sentir confianza es uno de los aspectos que ayudan a generar felicidad, así que igual que damos importancia a la investigación contra la ceguera o la sordera, o se investiga para sustituir partes del cuerpo, pensemos en qué podemos hacer para que alguien investigue sobre este sentido tan 'esencial'.

domingo, 28 de junio de 2020

Educar la sensatez.

Llevo ausente dos semanas porque era necesario disponer del tiempo para lo más importante en cualquier proceso de crecimiento, la reflexión. Y con tanta información y de tantos frentes, es muy duro integrarla porque, inevitablemente, va acompañada de cambios que no me preocupan demasiado. La incertidumbre es otra cosa. Así que voy gestionándome, pero eso absorve gran parte de mis esfuerzos, así que la creatividad tiene que esperar. Es la hora de la sensatez. 

Todo el mundo habla de educación en este momento, si es, si no es, para qué, cómo... Es la única profesión donde todos sus integrantes tienen algo que decir y las preguntas tienen mil respuestas. Pero no puede ser de otra forma, porque si la sanidad y la justicia-seguridad son esenciales, en la educación está el futuro. Y el futuro es por primera vez en la historia, tremendamente incierto. 

Antes unos estudios te garantizaban una profesión y un trabajo. En nuestra generación la cosa empezó a fallar y se nos confió el cambio educativo para el cambio de paradigma y hemos fracasado, porque seguimos aferrados al UNO, una hora, una asignatura, un libro, un examen, un aula, un profesor... Y pretendemos solucionar problemas partiendo de una estructura fosilizada. Un ejemplo. La empresa que no evoluciona es la que sigue igual en la sistematizació, la que evoluciona es la facilitadora de creatividad. Y no se trata de la cantidad que se destina a i+d+i, que son casi todas, sino la que generación de espacios para favorecer la creatividad y pienso en IKEA, AXA, Rastreator o en Google. La que fija objetivos alcanzables y se adelanta a las necesidades de la sociedad, o más aún, crea esas necesidades.

En la sociedad del 2050 habrán desaparecido profesiones, otras se habrán mejorado, pero, la mayoría, ni si quiera existen. Arquitectura BIM, nanomédicos, growth hacker, desarrolladores de realidad virtual, ciber abogados, analistas de Big Data...¿Cómo podemos pretender que los contenidos que se imparten en las asignaturas de hoy van a ser significativos en la sociedad del mañana? ¿Porqué tenemos miedo a romper las estructuras de la ilustración, basadas en las asignaturas que enseñaban los griegos? ¿Por qué matemáticas y no analítica? ¿Por qué inglés y no aprendizaje de lenguas? ¿Por qué no pueden haber en una clase de infantil diversos materiales para experimentar con la escritura, arena, chinchetas, cera, papel y tablets? ¿Por qué todos los alumnos deben agruparse con iguales si la sociedad, los equipos de trabajo, están formandos por sujetos de distintas edades? ¿Por qué no una asignatura de organización, gestión de tiempo y productividad donde se hable de por qué aunque tú hora productiva sean las dos de la madrugada, tienes que utilizar temporizadores para que tus trabajos lleguen a la 8? El maestro tiene que desaprender para aprender y dejar de ser facilitador de adquisición de contenidos [queda mejor que instructor] y pasa a ser gestor de aprendizajes o canalizador de curiosidad... Todavía está por determinar si existiremos... 

Y hay algo que no puede faltar en las escuelas, porque, realmente, es en este espacio donde se socializa, el espacio de las artes y del juego. Espacios seguros para la música, la danza, el canto, la pintura, la experimentación, el juego, el teatro... que dotará a las personas del futuro de valores estéticos y de desarrollo emocional, que contribuiran a que no acabemos viviendo en ataúdes minimalistas.

El colegio debe priorizar los hábitos saludables, los comportamientos cívicos, la participación social e integradora y la creación de espacios para la introspección personal y el crecimiento espiritual, para evitar la alienación del mundo virtual, necesario, presente y futuro pero no único. 

No metamos a los niños en un colegio, sino que lo adscribimos a un espacio educativo que integra el entorno. Hay que salir fuera, hay que vivir y aprender a convivir en la panadería, el supermercado, con el tejido industrial y ahí es donde el maestro puede recoger curiosidades, inquietudes y actitudes incompletas-que no incorrectas- para generar aprendizajes significativos. Mis alumnos no necesitan saber cómo se llega a una dirección, eso lo hace google maps, pero sí necesitan parte de esas instrucciones para jugar on line. Es su realidad más inmediata, ya aprenderan a dirigir cirujías virtuales cuando lo necesiten. 

La educación ahora y en el futuro tiene que estar dispuesta a adaptarse a las necesidades, a reflexionar y a cambiar continuamente.

Y también tenemos que cambiar nosotros. Si la universidad no nos formó y no nos forma, deberemos cambiar la sistematización de la universidad y formarnos ya. O a reinventarnos, que está de moda. Si no reflexionamos, no encontraremos una solución plausible ahora y aprendamos a desterrar las soluciones duraderas. La incertidumbre vino para quedarse. Prepararémonos  para ser resilentes ante ella y, lo más importante, dejemos de instruir para empezar a construir.

Mucho hygge... Yo sigo reflexionando. 

miércoles, 3 de junio de 2020

Estuvimos allí: Ibiza nunca más.


Estábamos pasando el verano en Denia y decidimos hacer una excursión de un día a Ibiza. Preparamos ropa de playa y nos fuimos alegremente a coger el ferry. 
Yo decidí que me iba a dar el 'lujazo' de tomar el desayuno en el trayecto y tan pronto embarcamos nos subimos a la cafetería. Pero no habíamos zarpado todavía cuando ya había un considerable vaivén y cuando salimos del puerto, el balanceo, comenzó a ser preocupante. De hecho no apareció el camarero sino un asistente para decirnos si queríamos bajar. Bajar al baño bajamos, sentados en los escalones, pero decidimos permanecer arriba porque bajo estaban vomitando y estaba lleno.

Arriba, la cosa no iba mejor, los butacones se deslizaban suavemente y quedamos un hombre que era una mezcla entre Jaime de Mora y don Quijote y nosotros. Aguantó estoicamente hasta que el desayuno en el mar se convirtió en desayuno al mar.

Cuando, por fin, hacíamos maniobra para amarrar vi por una ventana, con estupor, como un cielo inmenso se convertía en agua verde mar y de nuevo cielo inmenso y por primera vez fuimos conscientes de cómo habíamos estado moviéndonos. Mientras bajábamos barajábamos la posibilidad de volver en avión.

Cuando nos dijeron que para bañarnos en una cala había que coger un bus u otro barco, decidimos pasar el día callejeando. Tomamos un refresco cerca de la catedral con unas vistas increibles desde una azotea convertida en bar y  paseamos entre vestidos blancos y complementos adlib. Descansamos en un snack con una comida merienda ligera y entramos a ver a la virgen del Carmen para pedirle un viaje de regreso calmado, pero, por si las moscas, tambien visitamos la farmacia a por biodramina, que daba más náuseas que el mareo. Es una ciudad bonita que no creo que volvamos a visitar ninguno. Y es que dicen que la primera vez que visitas Ibiza, si la ciudad se enamora de tí vuelves y vuelves pero si no, no vuelves más. 

Al día siguiente nos enteramos de que habíamos navegado con fuertes tifones. Irrepetible y sin ganas de repetir.

Una vez en el apartamento,  nos tomamos el vaso de leche con galletas más hygge del verano mientras nos reíamos de la experiencia. 

lunes, 1 de junio de 2020

The more you teach, the more you learn.

Este no era el post de hoy y no porque se haya borrado, que ese problema lo ha subsanado el servidor, sino porque rayaba en el desacato y soy muy mirada, pero es que la burocracia me puede. Y había hecho una reflexión reactiva muy fuera del modo en que me he resintonizado.

Y mi lector interior pregunta ¿y ahora de qué vas? Hoy el alma me pedía Nostalgia, algias y otros lamentos pero toca productividad, hay que hacer papeles y tengo que ser proactiva, primer hábito de Convey.

Así que voy a pensar que cosas me ha aportado el confinamiento, profesionalmente, en positivo. 

Pero todo lo que me aparece  es negativo porque comparo con lo *normal*, y surgen los no veo, no hacen... Si tomamos lo establecido como norma al desaparecer lo establecido se declara la anarquía. Hay que posicionarse fuera de lo establecido. 

Cuando estaba en clase y aprendía algo nuevo lo compartía con mis alumnos para que comprobasen que la edad no tenía nada que ver con aprender y con sorprenderse. Ellos me han enseñado que si no hay paredes no hay horarios, que los día pijama son todos los días, que solo se aprende si se va hacia delante, que con la vista puesta atrás, tropiezas. He aprendido que con las herramientas adecuadas el medio no importa, que la gamificación no es 'juega' sino '¿quieres jugar conmigo?', que la cámara puede llegar a enamorar aunque ella nunca se enamore de tí, que los miedos se quitan de frente y que las consecuencias se esquivan de lado. 

Que he dado clase y que he sido alumno. Ahora todos, ellos y yo somos más competentes digitalmente, la organización personal es importante y mantener el contacto la base de toda amistad. 

Que cada uno es como és y que cuando más consigo está más si mismo se hace. Que cuando te cortan las alas te vuelves pájaro y pierdes el apetito y las ganas de cantar. Que deseas quedarte en casa hasta el día en que es el único sitio donde puedes estar. Que cuando el sol se pone por el balcón la oscuridad da paso a la solidaridad pero cuando sale el sol en la terraza aparecen los oportunistas. 

Ya sabía que podía vivir conmigo misma pero que tendré que aprender a convivir con el miedo a la pérdida y a la incertidumbre. 

He aprendido que cuidaba lo que veía pero que ahora puedo cuidar también lo que no veo. 

Pese a las Danas, la quema de la Amazonia, las cuasi guerras, las revueltas raciales, los virus inmundos y lo que queda por venir, proactivamente... Me gusta tanto, o más, aprender como enseñar. 

Y ahora, taza de leche fresca y mucho hygge. ¿Quieres aprender conmigo? 


miércoles, 27 de mayo de 2020

Estuvimos allí: Malmö

 
 

Como en el pasado post recuperé una foto de la estación de Malmö, me hizo recordar que existían los estuvimos allí. Y, personalmente, fue una de mis experiencias más gratas y baratas. 


¿Por qué Malmö? Originariamente el destino era Copenhague, pero estabamos alojados delante de la estación y habíamos leído que los universitarios de la capital danesa la tenían como ciudad dormitorio, y más, desde que ambas ciudades quedaron unidas por el Øresundsbron. Un puente para coches y con tren que en algún momento abandona la superficie del mar y se hunde en mar vikingo o estrecho de Øresund. Solo esto ya prometía y era un viaje de poco más de media hora. 

 
Decidimos ir a cenar a Suecia. Vamos, decidme que no os gustó cuando Richard Gere lleva a Julia Robert en su jet privado de Los Ángeles a San Francisco. O ese, hoy desayunamos en París. Pues en Dinamarca puedes permitirte el lujo de cenar en Suecia. Creo que ya suman bastantes alicientes como para planear una visita internacional. Y además la cuna de Ikea. 


Si no nos conociéramos, y pensarais que soy tan superficial, os bastaría, pero la verdadera razón, para este y otros muchos viajes, era un parque. Especial por un huerto ecológico que cuidan y trabajan los habitantes de Malmö y un barrio reedificado, atendiendo a criterios de sostenibilidad. 

Estaba lloviznando y el día era gris. Desde el interior del parque pudimos ver la moderna Torre Torcida de Calatrava, a un lado, y al otro, un típico molino de viento de madera oscura en un parque, de los muchos, lleno de detalles.
 
Cenamos cerca de los músicos de la Optimistorkesten, en una pizzeria de la calle principal, donde hablamos en italiano con los dueños y un argentino que había vivido en barcelona.
 
Pagamos con coronas suecas que habíamos sacado de un cajero cerca del ayuntamiento y dimos un paseo callejeando y disfrutando de las ventanas decoradas con cortinas, encajes, velas, tazas, luces varias... y los colegios sin puertas. Los parkings de bicis, con los bombines para inflar las ruedas por doquier. La  escultura del arma con el cañón haciendo un nudo. Las calles de marcha con gente charlando animadamente. 

Pero, lo que sin duda quedará en nuestra memoria fue el regreso. Parece ser que  en la frontera piden documentación y billetes. A la ida no pasaron, pero a la vuelta sí y por lo visto nuestros billetes no eran de ida y vuelta. Afortunadamente, y después de explicar como en Dinamarca el billete servía para todo el día incluidos autobuses de otras poblaciones, habíamos dado por supuesto lo mismo, ya que la máquina expendedora solo estaba en danés. Nos explicaron que habíamos sacado billetes solo de ida pero individuales y que lo preferible era un familiar. Que dado que la diferencia era poca y eramos turistas que lo dejaban correr. 

La cara de preocupación de mis hijos era un poema, hoy nos reímos al recordarlo, porque aunque fueron amables, no dejaba de ser policía de aduanas y acongoja un poco. 

¿Se os quitarían las ganas? No era la primera vez y luego recorreríamos el Piamonte y la Toscana en tren... Pero eso es otra historia. 
 

lunes, 25 de mayo de 2020

Los homefinde

Se que volvemos a la normalidad porque he visto el post en mi cotidianeidad. Un compañero contestando a un e-mail sábado noche y yo hablando de homeschooling y de pronto me ha venido a la cabeza el homefinde.

Soy consciente que con el cambio de fase ya puedes reservar en un restaurante, pero me deprimiría mucho que me sirviesen el menú con mascarilla, aunque me cabrearía que no lo hicieran. 

 
Desde que empezó el confinamiento, cuando bajo a comprar, me paso dos días con anosmia, desinfectantes y lejía me deterioran el olfato, así que no se si tendría la sensación de estar en un restaurante o en un hospital.

Así que entre la depresión y el cabreo me hago unas gambitas descongeladas con un cava orgánico de Consum, que me sienta  de cine, y  con pijama y cóctel de café con leche y canela, me marco una maratón de Castle, que desde Ally McBeal, es lo mejor. ¿Hygge? Pues no.
 
Añoro comer fuera, viajar, pasear por la playa... Pero para ver mascarillas, prefiero quedarme en casa. Sé que, poco a poco, me acostumbraré y pasará a ser parte de mi día a día, pero de momento me quedo con Fillion y Katič hasta que me vuelva el hygge que me abandonó al mes de cuarentena cuando reproducir los momentos felices del pasado, los que creaban confort, se hicieron poco menos que imposible, porque no es hygge quedarse en casa, eso es nesting y lagom. Hygge es quedarte porque quieres y compartir porque puedes. Pero ahora no me quedo porque quiero ni comparto porque no puedo. Así que estamos kneppet op. 

lunes, 27 de abril de 2020

El día que no vi mi reflejo en el espejo.




Esto no es un hecho, es una emoción. Nos ha pasado a todos o a casi todos. A veces con premeditación, otras por motivos fortuitos. A veces porque llegas demasiado tarde, otras por llegar demasiado pronto. A veces, simplemente, entiendes mal las cosas y nadie se molesta en decirte, 'así no'.

Ese es el día que desapareces por primera vez, luego vuelve a pasar y a pasar... y dejas de ver tu reflejo.

Cuando alguien nos hace algo malo, los bien intencionados dicen, olvidalo, ignoralo. Pero ¿y si no has hecho nada malo ni injusto? Si lo que ven como maldad es enfermedad, olvido o circunstancias. ¿Como se le llama a quien es capaz de inflingir tanto dolor, una y otra vez? 

Los seres humanos son envidiosos y vengativos y mi temor se está confirmando. Después de este golpe brutal, no han cambiado las cosas. Hacia afuera muchos abrazos de luz pero dentro hay tinieblas.

Si queda alguien que confíe en que la crisis es caos y oportunidad, es chino. Aquí crisis es no tener dinero y la oportunidad se convierte en oportunismo. Quien piense que lo que no nos mata nos hace más fuerte tal vez haya dado en el clavo, pero una fortaleza muy €#&*&@.

Hoy mi hygge se ha revelado contra el confinamiento y me ha dejado en casa sin su apoyo pero ya volverá porque yo no voy  a ser más fuerte, ni más rica ni oportunista, y volverá la manta, la chimemea y el café caliente con tarta de calabaza igual que el invierno sigue al otoño. Y no sonará a amenaza the winter is coming... Si os encontráis mi hygge, no tiene nombre, os lo podéis quedar. Si pregunta por mí, que busque en los espejos.