lunes, 17 de febrero de 2020

Emociones procesadas

¡Qué la musa te pille trabajando! Piensa en positivo. Planifica tu futuro, es el lugar donde tienes que vivir... Pequeñas motivaciones, como instrucciones robóticas y a veces contradictorias que nos rodean en instagram, en el bullet journal, en tu motivational board.

El hombre empezó a utilizar  las máquinas con la idea de hacer menos trabajo, y ahora ya no trabajamos como personas, trabajamos como máquinas.

El ser humano anhelaba la luz natural en su lugar de trabajo. Un despacho con vistas sobre Manhattan era el summum del éxito. Hoy los cubículos son mejores porque la luz no debe incidir sobre la pantalla.

Hicimos las impresoras para gastar menos papel, y como no revisamos lo que copiamos, acabamos imprimiendo y gastando más papel que antes.

No hay límite para la hora que dejamos de trabajar y la burocracia supera al trabajo creativo.

Le llaman resiliencia a la capacidad de absorber el estrés y gestionarlo y se inventan el flow como si estuviésemos en stand-by. 

Antes escribías una carta porque el teléfono era caro para divagar. Hoy teléfono es trabajo, correo es trabajo y a tus amigos les envías emoticonos y videos prefabricados. Hablamos de alimentos procesados pero es que nuestros sentimientos y nuestras emociones están procesadas también. 

¿Te has parado a pensar cómo estás compitiendo con tu ordenador? ¿Realmente disfrutas de lo natural? ¿Vives hygge o te dan hygge? 


jueves, 13 de febrero de 2020

Hoy lunes o el jueves a 10.000

Debería decir, por fin. Pero no quedan fuerzas. Esta semana nos ha podido la gripe, la propia y la ajena. Nos han podido las circunstancias y lo circunstancial. El nervio, las noches toledanas... Y nos ha podido la emoción, el reconocer que no hay nada personal en el destino, que lo que tiene que pasar, pasa y pasa porque tiene que pasar, que el mundo es circular, aunque hay quien se empeñe en lo contrario. Lo que das bueno vuelve y lo malo también.

Ha costado mucho llegar a 10.000, cuando escribíamos más y cuando dejábamos de escribir. Cuando proyectábamos trabajar más y cuando la vida no daba para más. 

Pero todo llega y también llegarán los 20.000, gracias por estar ahí. Ojalá pudiéramos compartir un trozo de pastel y un café delante de la chimenea y una conversación. Porque de momento, solo hablo yo. 

lunes, 3 de febrero de 2020

Metas y planes de acción o flow.

Tanto temblor medioambiental, de salud, político, hace peligrar los cimientos económicos y allá que me he lanzado a escuchar videos sobre  inversiones, riqueza y demás y me he dado cuenta de que no acababa de estar convencida.

He tropezado con un video que parecía tener sus años y me ha sorprendido como ha planteado el tema. Decía que un judio fue invitado a una iglesia cristiana a poner en común las dos religiones y dar una conferencia. Entró en la sala y dijo: las dos religiones tienen en común amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Lo demás son palabras.

Este estudioso de la productividad y el éxito decía que  todas las personas exitosas tenían en común 'metas' y lo demás son palabras.

Una vez establecidas las metas hay que establecer un plan de acción, y ahí es donde voy. Antes de acabar el año me puse como meta llegar a los 10000 lectores pero ¿dónde se quedó mi plan de acción?

No hubo ningún esfuerzo extra, confié en la providencia, pero supongo que la providencia tenía algo mejor que hacer que alimentar mi ego.

Y entonces, en mi video el ponente seguía preguntando cuáles eran las 5 metas principales y que teníamos que ordenarlas por importancia. Y me dí cuenta que llegar a los 10000 lectores no era la primera, ni la segunda y que en la siguiente pregunta que implicaba reducir a tres casi se queda fuera porque iba empatada con otra.

Establecer planes de acción para metas de tercer o cuarto orden daba explicación a la inacción. Pero la que casi me deja fuera era la pregunta ¿qué harías si te dijeran que te quedan 6 meses de vida? Realmente, mis dos prioridades seguían siendo prioridades y llegar a los 10000 lectores no estaba entre ellas. 

Así que ¿hacemos un plan de acción o nos dejamos llevar por el flow? Seguro que a hombres de negocios con mucho éxito les importaban más los números que su familia o su bienestar emocional o espiritual. No viene al caso. Todavía ando conociéndome, descubriéndome facetas nuevas y sorprendiéndome. Pero se que no soy ambiciosa y que soy de letras. Buen hygge. 

lunes, 27 de enero de 2020

Las gallinas del futuro.

Cuando era pequeña, mi abuela se preguntaba, que qué comería yo si era incapaz de pelar una gallina ni cuando ya estaba muerta, porque acercarme al gallinero, cuando estaban vivas, me ponía enferma. Mi madre le decía que en la capital podías comprarlas muertas y peladas.

Para mi madre un futuro sin estudios no era futuro, y me animaba a hacer caligrafía y a pintar y a crear, porque el pollo ya te lo vendían troceado. Fuimos la generación JASP, Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados.

Hoy mis hijos ya pueden encontrar el pollo preparado, y si vives en una ciudad, te lo traen caliente y a casa. Dan por sentado que si no estudian no podrán pedir pollo y tendrán que conformarse con pildoras multinutritivas saciantes y ya veran si les llega para el sabor. 

Yo quiero que le quiten las plumas al trabajo y que lo que hagan para ganarse la vida les guste tanto que pagarían por hacerlo. 

Son nativos digitales pero damos por sentado que su dependencia tecnológica y de redes no es buena, pero ¿con qué lo comparamos? A nosotros no nos ha hecho falta para vivir y hemos tenido que hacer frente a nuestras propias gallinas, pero las gallinas de cada generación cambian. La caligrafia, que se llevó largas horas de mi vida, se ha convertido en una expresión artística mientras que antes era una necesidad. 

Y siempre la eterna pregunta, ¿cuál será la gallina de la próxima generación? ¿Qué esperarán mis hijos de los suyos, que resultará ser "no tan útil"?

Y así iba mi mente mientras  separaba las almendras de las cáscaras, y es que siempre que lo hago me acuerdo de mi abuela. Le gustaba el café con leche condensada, siempre habían dulces en su casa, y en invierno, la chimenea encendida. Hoy su biznieto habla por el reloj como James Bond y come KFC y ni lo coge, ni lo mata, ni lo pela, lo pide por teléfono. La caligrafía y la buena presentación por escrito no es importante para él, porque el ordenador ya hace esas cosas. ¿Qué gallina tendrán que desplumar sus hijos?



lunes, 20 de enero de 2020

La RESTHECA: El cambio ha empezado.

Te has preguntado cuántas veces has utilizado un taladro. Creo que hace más de ocho que no cuelgo un cuadro. Pero tengo una Black and Decker en una caja.

Algo así le pasa a mucha gente en una ciudad. Te regalan una máquina para hacer pasta pero tras la primera experiencia, te das cuenta de que lo que te gusta es hacer gofres pero y si después descubres que tampoco es para ti.

Esa lana que ocupa un cajón con proyectos que nunca terminaste, los bastidores de bordar que ya no puedes usar porque no ves.

Cada vez las casas son más pequeñas y un día invitas a tus amigos y piensas que estaría bien tener una cubitera, una heladera para el vino y unas copas que no te caben en el único armario de la cocina.

Pero estás salvado, ahí está la RESTHECA (res=cosa y theca=conjunto) , la biblioteca de las cosas, donde puedes coger prestado un martillo o un destornillador, o una máquina  para hacer helados, o el RESCLUB, donde por una módica cantidad compartes con otros socios de tu comunidad ropa o complementos de fiesta, una bicicleta, o una sierra eléctrica, o una comunidad de trueque donde todos los socios dejan cosas a cambio de cosas, o incluso tiempo o trabajo.

Las tiendas de segunda mano se han extendido, pero lo realmente importante es que la conciencia de propiedad está desapareciendo pese a la desconfianza de los que ya tenemos cierta edad y fuimos educados en el tanto tienes tanto vales.

El sentido de pertenencia a la comunidad de la sabana, se pierde en la ciudad pero parece que el ser humano no está destinado a aislarse de su comunidad y se echa a la calle para manifestarse por sus derechos o por los de la Tierra y cada vez va menos con el tanto tienes y más por ¿y tú que compartes, coche, piso, ropa, cafetera?.

La responsabilidad y la confianza, el sentido de pertenencia pasa de ser propiedad a ser comunidad. Me gusta esta nueva era menos consumista y más cooperativista. Esa es la educación que no se imparte porque no se puede dar sino recibir.


lunes, 13 de enero de 2020

Libros para un "hygge time": Una columna de fuego "

Tengo que reconocer que pese a haber estudiado filología inglesa y ser una apasionada de la literatura, Ken Follett entró tarde entre mis autores seguidos, que no favoritos.

Lo descubrí muy por casualidad, por una conversación espiada en la librería y allá que salí yo con mi primer de muchos 'tochos', porque empezó a ser común escribir en formato 'que te dure todo el verano y parte del extranjero'. Confieso que Los pilares de la tierra me encantó, y no esperé a que me regalasen  Un mundo sin fin.

Luego vinieron las guerras mundiales y me enganchó el culebrón internacional y la forma de introducir los datos históricos. 

Pero este libro, La columna de fuego, lo cogí a cambio de otro libro que me habían regalado para Navidad y allí se quedó, esperando el verano, y otro verano... Supongo que el título y el volumen me daban demasiado calor.
Pero que no se diga. Empezó el curso 2019 y aunque fueran unas páginas al día, lo acabaría.

Otra de las cosas que postergó su lectura fue el tema. La lucha por el reino de Isabel y María y la contienda religiosa entre protestantes y católicos estuvo presente en mis estudios por la vinculación del departamento de literatura inglesa de la Facultad con el Instituto Shakespeare. Era más de lo mismo, y después de leerlo tengo que decir que de todas las obras que he leido de Mr Follet, esta es la que menos me ha gustado.

La conexión con las primeras es poco menos que anecdótica y tiene una estructura parecida a las de las Guerras Mundiales. Pero a mi me gusta reflexionar sobre el por qué de las cosas y entonces caí en que en las primeras novelas los malos eran muy malos y los buenos muy desgraciados y en las otras no habían buenos ni malos, solo circunstancias.

Me perturba saber si el "empoderamiento" de las mujeres de la novela es de admiración o una oportunidad ventajosa digna de algunos de algún que otro de sus personajes. 

Creo que sigo siendo una romántica empedernida y la justificación de los actos innobles es demasiado real, así que seguiré buscando... Por fin llegó el invierno.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Nos bebemos los no propósitos.

Hoy es el último lunes de un año que no ha sido malo, pero que hace desear que el siguiente sea mejor. 

Este fin de fiesta no voy a poner propósitos, sino que directamente voy a desear, para que las fuerzas del universo confluyan para que se realicen... Y acto seguido me viene a la mente el "cuidado con lo que deseas" y es que a veces, para conseguir lo que queremos, lo que pasa por en medio no se puede considerar precisamente bueno.

Ni propósitos ni deseos. Así que que tal si empezamos a decir lo que no haremos el próximo año... "De este agua no beberé". 

Si los propósitos no se cumplen, los deseos son peligros y siempre acabamos haciendo lo que no queremos...

Que este año 20-20 se cumpla la ley de Pareto y que de nuestro 100% de propósitos, se cumplan el 20%, el resto, ya veremos que hacemos con ellos. 

Lo que si que podemos hacer es proponernos que nuestros deseos buenos y amables de salud, armonía y prosperidadpara los demás se cumplan y podamos beber por ellos aunque sea con agua. Nos leemos al año que viene... Bueno, si quieres. Mucho hygge, pero del bueno.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Educados para la resiliencia. Permacultura y evolución. Introducción.

 

EDUCADOS PARA LA RESILIENCIA

Permacultura y evolución.

INTRODUCCIÓN

La primera vez que oí hablar de permacultura fue en un video sobre homeschooling a una madre que había decidido educar a sus hijos en plena naturaleza. Ella era permacultora y daba conferencias en las que sus hijos la acompañaban. Decidían cada mañana el planning para el día, se repartían las tareas y dedicaban un tiempo a la adquisición de conocimientos- ¿Perfecto? Uno se quejaba de que el colegio no le gustaba, el otro de que echaba de menos tener amigos.

Cuando digo que estaba buscando información sobre homeschooling, es porque había visto una familia alternativa en televisión que educaba a sus hijos sin normas y sin ‘colegio’. Y después de 15 años en la docencia y 2 hijos que comenzaban a preguntarme el por qué de ciertos temas que ni yo misma tenía claro, era el momento de revisar lo que entendía por educación.

 Así empecé a cuestionarme hacia donde iba la educación y si no había llegado el momento de favorecer el cambio. Y casi sin darme cuenta entré dentro de los conceptos permacultores con las limitaciones de espacio propios de la ciudad y de mis limitaciones y prejuicios que pesan más que mis nuevas ideas. Pero con todo  empecé por cultivar un huerto en mi balcón con habas, lechugas y fresas y a preparar plantel para un terreno y he dejado lleno de semillas dispares y estamos observando que pasa mientras hemos empezado un pequeño huerto tradicional. Y de nuestra observación la primera conclusión que podemos sacar es que no somos agricultores. Es una observación humilde pero que llevada al terreno espiritual se ha convertido en algo muy enriquecedor.

 La permacultura que nace dentro del ámbito de un cultivo de subsistencia, no invasivo, regenerativo y permanente se ha ido ampliando a un modelo de vivencia personal que ha llevado a muchas personas a abandonar las urbes en busca de espacios donde poder poner en práctica lo que una pequeña terraza no les permite. Fukuoma o Holmgre se han convertido en los filósofos y precursores de este nuevo concepto o forma de vida que no sólo se ha materializado en la agricultura sino también en la arquitectura. Planificar, desarrollar, mantener, organizar y preservar el hábitat para que sea capaz de sostenerse en el futuro. Es algo más que confiar en la resiliencia, en la capacidad de adaptación a las dificultades, es observarlas para ayudar a la naturaleza a la que hemos maltratado a renutrirse y a covertirse en una productora perenne de productos.

La Permacultura también ha dado pie a que practicantes, diseñadores y organizaciones busquen modelos de financiación menos sistematizados sin apoyo de corporaciones, instituciones o gobiernos. Los ejes centrales de la permacultura son la producción de alimentos, abasto de energía, el diseño del paisaje y la organización de (Infra) estructuras sociales. También integra energías renovables y la implementación de ciclos de materiales en el sentido de un uso sustentable de los recursos al nivel ecológico, económico y social.

Desde sus inicios a finales de los años 70, la permacultura se ha definido como una respuesta positiva a la crisis ambiental y social que estamos viviendo.

Crisis, ese ideograma chino de peligro y oportunidad. Veo peligrar mi puesto de trabajo por la aparición de un nuevo paradigma educativo y el sistema de bienestar en el que hemos estado falsamente acomodados mientras consumíamos sin fin y sin sentido una serie de productos absolutamente prescindibles.

Echando la vista atrás ahora soy más consciente de lo que entra en el armario y capaz de ser más creativa y solidaria con lo que sale. Si está bien se da y si no se recicla. Los calcetines que se les quedan pequeños a mis hijos son ideales manoplas atrapapolvo. ¿Alguien recuerda que antes las medias se recuperaban con agujas especiales y que las patatas de los calcetines se zurcían con un huevo de madera?  Muchos que se llaman ecologistas no han zurcido en su vida un calcetín, porque sostienen que no hay que llegar a extremos. Son los mismos que luego se encadenan a los árboles o deciden no tener hijos porque destruiran la tierra. No son sostenibles. Menos mal que sus padres no pensaron así. Pocos de los chavales del 15M han ido a un colegio de monjas donde les han enseñado a bordar y a zurcir. No son culpables de haber recibido una educación llena de conocimientos inútiles. Ni de tener unos padres que han tenido que salir a trabajar y que con ese dinero compraban más calcetines en vez de remendar, o sábanas nuevas en vez de parchear, a lo sumo un parche adhesivo en el pantalón, que mira tú por dónde resulta que  está hasta de moda.

 Y de ahí la idea, permaeducación. Si se han elaborado los principios para un modo de vida sostenible y perenne por qué no dotar a la educación de un planeta en crisis de la capacidad de ser sostenible, gratuita, solidaria y perenne. Dejadme que os lo explique.

jueves, 12 de diciembre de 2019

Tres años y un día de hygge.


Tres años y un día suena a condena, y sin embargo no me he sentido más libre ni en paracaídas.  

Ya son tres años apostando por el hygge y ahora que por fin parece que el temporal emocional, de final de trimestre, amaina, empieza otro temporal de viento.

Hay objetivos por cumplir, muchas reflexiones por hacer y la Navidad a la vuelta de la esquina. 

Quisiera creer que vivimoshygge ha animado a alguien, le ha sacado una sonrisa o le ha enseñado algo. 

A mi, la experiencia desde este lado, me ha relacionado fugazmente con  instagramers, y largamente con gente muy 'bonita'. Me han hecho sonreír personas que viven la vida con dificultades y mucha ilusión. Sigo creyendo que el tesón y el esfuerzo pueden más que la capacidad académica. Y aprendo  de madres que se consideran malas porque no son superwoman, aunque los demás las vean así. 

Me he roto física y emocionalmente más de dos veces en un mes  y estoy deseando que llegue la de arena, porque de cal estoy 'blanca', así que me voy a conformar con 'casis' y voy a tomarme el té con manta y chimenea. 

Fuera el viento amenaza con hacernos amanecer en Oz, sin corazón, ni valor, ni cerebro y con dolor de cabeza. And if things don't go right I will go left. 😉



martes, 3 de diciembre de 2019

Coaching en el uso de energía solar.

Respondía a un perfil de instagram que preguntaba que cuál de los cambios por la sostenibilidad nos había costado más adoptar. Ellos confesaban que el tema de las bolsas de plástico. Yo contesté que la energía solar.

No hay nada que cree más infelicidad que la incertidumbre, no saber si tendrás trabajo, si tus hijos podrán estudiar, si habrás comprado los billetes correctos para el avión.  Cada cambio drástico supone un periodo de adaptación, salir de la zona de confort, aceptar limitaciones y tal vez algún beneficio.

Llevo más de tres años funcionando y aprendiendo cada día algo nuevo de la energía solar. Creo que lo primero que tendríais que tener claro si queréis pasar a este sistema no es la inversión y en cuanto tiempo vas a amortizarla, porque pese a lo que te prometan, podría ser demasiado tiempo. Tiene que tratarse de un convencimiento personal, de un acto responsable hacia el medio ambiente.

Una  vez superada la cuestión económica viene la localización. Aunque no se trata de una obra debes pedir permiso al ayuntamiento que te informará  de la distancia, y otros temas legales.

Pero lo realmente importante es aprender que hay límites de consumo.

Aunque el equipo solar te permita tres días de autonomía, si no hay sol, eso significa que solo podrás encender la luz y con un poco de suerte alguna lavadora, aunque mejor cuando salga el sol, y así la secas. Necesitas algo que sea complementario para darte algo de seguridad cuando llega una borrasca que amenaza con durar más de tres días.

Por todo esto, he pensado que tal vez, ahora que estás sentado en tu sillón leyendo este post, sea el momento de reflexionar sobre el primer item, energía solar sí o no.

Si la respuesta es si, recuerda que lo que tengas que hacer que requiera electricidad debe hacerse cuando hay mayor carga de luz solar. El calentador a las 12 y a las 4 en invierno y si el termo del calentador es bueno llegas hasta las 8 del día siguiente y tienes que poner el lavavajillas después de comer o programado para las 11 de la mañana.

Debes saber lo que gastan tus electrodomésticos y, cuando los vas cambiando, mejorar su eficiencia energética.

Mucho hygge. Y si tienes dudas por instagram te cuento. 

martes, 26 de noviembre de 2019

Gente bonita, gente hygge.


Hoy tengo ganas de hablar de la gente de las pequeñas cosas. De la niña  que te mantiene abierta la puerta, de la alumna que te dice 'qué bien hueles', de la mami que te mira con mezcla de envidia y ternura mientras le devuelves a su trozo de cielo que se convertirá en tempestad y torbellino tan pronto llegue a casa, al compañero que escucha tus quejas, a la compi que con cariño bromea con tus dolores para que te sean más leves, a tu pareja que viene a buscarte para decirte que junto a la chimenea se está mejor, aunque hoy el sofá te parece el sitio menos cómodo para las rodillas, tus pequeños armarios empotrados de adolescencia comprimida que te tapan con un abrazo inconmesurable...

Gente bonita que te contesta con un silencio complice, con una pregunta positiva, con un 'te escucho'. 

Gente bonita que tiene heridas de guerra que las hace más bonitas porque su apego a la vida las vuelve exhultantes, seguras y vitales, aunque sus momentos oscuros les hacen temblar ante la imcertidumbre de la evolución de sus heridas y se esconden en la quietud de sus inseguridades.

Gente bonita que no necesita ni chimenea, ni calcetines, ni manta para hacerte sentir hygge en el café más abarrotado, porque la conexión interestelar se recupera aunque hace mil años que no os veis.

Gente bonita que lleva la luna en la mirada y el dedo en el corazón. 

Gracias por ser de luz. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Frustraciones de my hygge

Me puede la gente que se queja, sistemáticamente, sin aportar soluciones, delante de la puerta equivocada. Y que cuando tiene la oportunidad de cambiar las cosas vuelve a inclinar la cabeza ante los que le sometieron y son artífices de sus quejas.

Me pueden los que 'yollean' porque nadie hace las cosas mejor que ellos, ni dedican más tiempo, ni se sacrifican más.

Me frustra escribir mi mejor reflexión del día en el post más contestatario, profundo y subversivo y que NO SE GUARDE, y entonces hecho de menos cuando escribía en papel y solo desaparecía si se borraba exprofeso o se extraviaba.

Fantaseo si no será obra de una mano oculta o tal vez mi ángel de la guarda. Porque a saber en que lio me hubiese metido al darle al botón de publicar. Pero me duelen las palabras y pensamientos perdidos en la red.

Entonces me doy cuenta de que me pienso la mejor y "yolleo" cuando creo que el pensamiento perdido en el proceso creativo podía cambiar el mundo. Y de que esta no es la mejor puerta para protestar. LOL.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Cambio de clima, clima de cambio, al abrigo del hygge.

Llega el tiempo de adobar aceitunas, usar el aceite de freir para hacer jabón casero, comer castañas, recoger aceitunas, pelar almendras...

Son tareas que no interesan a la economía, porque no generan gasto ni endeudamiento. No produce resíduos sino que los transforma. No consumen plásticos, no contaminan, no pagan impuestos. Son saludables y no favorecen a las empresas farmaceúticas.

Se avecina una gran crisis promovida por una generación que ha crecido con lo que los milenial soñaban y que observa con espanto cómo  nos estamos comiendo la tierra, cómo la estamos exprimiendo, como rellenamos, con basura, los agujeros de tierra que gastamos para construir nuevas casas. 

La crisis la causarán los minimalistas, que  no quieren consumir por consumir. Vendrá de mano de consignas como sostenibilidad, reto333, armario cápsula, no hay planetaB, 4Rs. Veganos porque dicen no a las granjas intensivas, divergentes, porque no aceptan las normas establecidas, insurgentes porque no saben como decir 'basta ya'. Aburridos de los vendedores de humo y de los banqueros de tiempo.

La sociedad, ahora, ya, tiene la obligación de actuar en vez de esconder la cabeza en viejos paradigmas que no asumen la responsabilidad. Yo soy la que contamina, la que agota las reservas naturales, la que deja huella ecológica de dinosaurio. También soy capaz de verbalizar emociones, armonizar sonidos, crear arte y si me das una taza de café, una vela, una manta y un fuego, te rodeo de hygge. ¿Seremos capaces de resistir el embate, de reinventarnos para sacar a flote una economía no basada en el tener y más orientada al ser? 

Ayer un día intenso, hoy reflexión. Mañana...





lunes, 4 de noviembre de 2019

Hygge, de un modo de vida a un estilo de vida

El hygge no tiene una descripción clara y definida. De hecho te lo explican de muchas maneras y cada cual desde su experiencia del tema. Ese grupo de chicas que recuerdan sus noches de lucha de almohadas o de primas con pijamas, calcetines, peli de miedo o romántica, pintauñas, revistas, pase de modelos, cacao caliente con nubes y galletas y cojines mullidos.

Para otros largas sobremesas con vino caliente y un buen trozo de esperada y jugosa tarta, más que la cena que era una escusa.

Esos muchachos que recuerdan sus tardes de pintar Warhammers y los interminables juegos de roll al estilo 'nerd' Big bang theory. Noches en la cabaña de los padres en Malmo con el cosplay de Naruto.

La sauna familiar, la merienda de dos íntimas, la final con pizza y cola, etc. 

Hoy es un estilo de vida, viviendas confortables pero sin excesos, con objetos evocadores de intimidad y confort. La iluminació es tremendamente importante. La temperatura o cómo experimentarla es de vital importancia. Frío no pero achicharrarse tampoco, si no ¿para qué la manta?. 

Mi hygge empieza cuando entro a clase y puedo empezar la jornada leyendo, una clase redonda con alumnos atentos, un gesto de compañerismo entre ellos, un café con polémica en la sala de profes, un patio conversando con... Un debate abierto con los mâs mayores, un 'oye y tú ¿cómo te llamas? 'de los pequeños. El aire cálido del mediodía y el fresco de la noche, no tener que pasar por el super, subir a casa disfrutando de los árboles y el paisaje que me recibe. Una chimenea encendida, todos en casa y bien, conversación con los abuelos, pan caliente para cenar, tareas de una horita corta y sentarme a leer o a escribir delante de la chimenea con algo calentito en una taza bonita. No es algo simple, es más bien algo que va tejiéndose a lo largo del día, es mi  hygge de muchas pequeñas cosas.