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domingo, 15 de julio de 2018

Interpretaciones....equivocadas

Cuando vemos una reja podemos interpretar protección de dentro para fuera, para evitar que alguien caiga al vacío o hacia adentro para evitar que alguien que no ha sido invitado entre. Luego està esa intermedia que no viene de agrado que es de protección por los de fuera para evitar que alguien o algo que está dentro ande suelto. 

Algunos vamos con rejas, celosias, ventanas y contraventanas por el mundo. Se debe a como nos han enseñado a interpretar las opiniones de los demás. No dejamos entrar y no dejamos salir. Así las opiniones no nos afectan porque no damos pie a generarlas o porque no las escuchamos. 

Lo cierto es que lo que dicen las otras personas debería atender a nuestras peticiones. Nosotros no nos veríamos impelidos a saltar al vacío acosados por ideas preconcebidas de cómo debemos hablar, actuar o lo peor, cómo ser.

Hygge, además de aplicarse a un espacio, es una actitud. Sacar satisfacción de un tazón con cereales porque sabes que es saludable, tienes tiempo y el sitio donde lo tomas es agradable, ese trozo de tarta como lo preparaba tu abuela... Esa playa a la que ibas con tu familia... Pero también vivir con las luces abiertas, sin cortinas, con decoración minimalista y un cristal grande y limpio sin rejas. Ese es mi espacio, te lo enseño pero no tienes que mirar más allá de mi decoración, ese es el límite.

Hygge es no despertar envidia comparativa ni admiración excesiva, la palabra es "mírame con agrado". Mírame, no me critiques, ni juzgues, ni imites. Yo te miro, no te juzgo ni te imito.



miércoles, 17 de mayo de 2017

Los toltecas a la búsqueda de la felicidad.

Calderón decía en su obra la vida es sueño "Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; QUE TODA LA VIDA ES SUEÑO Y LOS SUEÑOS SUEÑOS SON" Descartes también se plantea si esto no será todo un sueño antes de llegar a Cogito ergo sum. Pero para la milenaria cultura tolteca-mejicana la "realidad" que asumimos socialmente es  un sueño colectivo, el sueño del mundo.

Ellos dicen que desde  que nacemos interpretamos la realidad mediante acuerdos, acordamos lo que es una mesa, lo que está bien y lo que está mal, quiénes somos y nuestro lugar y a  esto le llaman domesticación.

Domesticación, que cuando eres adulto, pasa a ser autodomesticación. Incorporamos un juez que es quien nos recuerda los acuerdos y una víctima que nos culpabiliza cuando no cumplimos las exigencias del juez, creándonos desazón y malestar. El temor a los estados de culpabilidad los denomina miedo y el miedo se instala en nuestras vidas.

El miedo y la autoexigencia (que no son nada hygge) a no cumplir las espectativas de perfección que hemos asumido socialmente en el acto de domesticación ha creado nuestra idea compartida de infelicidad.

La solución es  cambiar el sistema de creencias y establecer nuevos acuerdos: sé impecable con tus palabras (qué difícil cuando se tiene el hábito de hablar mal de los demás), no te tomes nada personalmente, no hagas suposiciones y haz siempre lo que puedas. 

¿Los toltecas buscaban el hygge danés, o solo me lo parece a mi? Son corteses, flemáticos, analíticos y cumplidores.

Los acuerdos parecen capaces de conectar culturas, sean de donde sean, en su búsqueda, incansable, de la felicidad.