martes, 7 de julio de 2020

Esencias de hygge.



Te levantas por la mañana con el inconfundible olor a café. La ducha deja en tu piel olor a jabón hecho en casa. Un poco de la colonia que dice que has estado ahí, pero que no molesta. Sales de casa y huele a tierra húmeda y a hojas.
 
Luego te metes en el coche y todo deja de ser hygge. En el trabajo huele a desinfectante o a humanidad.
 
Vuelves a casa y huele a aire limpio. Entras y empiezas a preparar el guiso de 'casa' que por fin sabe como el que hacía tu madre. El vino tiene matices frutales o de roble viejo. La fruta derrama en el paladar aromas frescos y llenos de vitamina C.
 
De nuevo en la vorágine de la ciudad el mejor supermercado de la ciudad huele fatal, la ciudad se llena de humo y de personas caminando por el cinturón de la ciudad para desoxigenar los pulmones en pro del colesterol o el azúcar...
 
De nuevo en casa, chocolate caliente, leña quemada en la chimenea, aroma de colonia infantil sobre las almohadas. Cabecitas húmedas que huelen a jabón.
 
Un 30% de la población padece de anosmia, incapacidad total o parcial de percibir los olores. Creemos que no tiene importancia pero a parte de impedir el total disfrute de lo que nos rodea y de lo que comemos, además pone a quien lo padece en situaciones de peligro al no poder percibir una fuga de gas, o humo.
 
Recordemos que sentir confianza es uno de los aspectos que ayudan a generar felicidad, así que igual que damos importancia a la investigación contra la ceguera o la sordera, o se investiga para sustituir partes del cuerpo, pensemos en qué podemos hacer para que alguien investigue sobre este sentido tan 'esencial'.

domingo, 28 de junio de 2020

Educar la sensatez.

Llevo ausente dos semanas porque era necesario disponer del tiempo para lo más importante en cualquier proceso de crecimiento, la reflexión. Y con tanta información y de tantos frentes, es muy duro integrarla porque, inevitablemente, va acompañada de cambios que no me preocupan demasiado. La incertidumbre es otra cosa. Así que voy gestionándome, pero eso absorve gran parte de mis esfuerzos, así que la creatividad tiene que esperar. Es la hora de la sensatez. 

Todo el mundo habla de educación en este momento, si es, si no es, para qué, cómo... Es la única profesión donde todos sus integrantes tienen algo que decir y las preguntas tienen mil respuestas. Pero no puede ser de otra forma, porque si la sanidad y la justicia-seguridad son esenciales, en la educación está el futuro. Y el futuro es por primera vez en la historia, tremendamente incierto. 

Antes unos estudios te garantizaban una profesión y un trabajo. En nuestra generación la cosa empezó a fallar y se nos confió el cambio educativo para el cambio de paradigma y hemos fracasado, porque seguimos aferrados al UNO, una hora, una asignatura, un libro, un examen, un aula, un profesor... Y pretendemos solucionar problemas partiendo de una estructura fosilizada. Un ejemplo. La empresa que no evoluciona es la que sigue igual en la sistematizació, la que evoluciona es la facilitadora de creatividad. Y no se trata de la cantidad que se destina a i+d+i, que son casi todas, sino la que generación de espacios para favorecer la creatividad y pienso en IKEA, AXA, Rastreator o en Google. La que fija objetivos alcanzables y se adelanta a las necesidades de la sociedad, o más aún, crea esas necesidades.

En la sociedad del 2050 habrán desaparecido profesiones, otras se habrán mejorado, pero, la mayoría, ni si quiera existen. Arquitectura BIM, nanomédicos, growth hacker, desarrolladores de realidad virtual, ciber abogados, analistas de Big Data...¿Cómo podemos pretender que los contenidos que se imparten en las asignaturas de hoy van a ser significativos en la sociedad del mañana? ¿Porqué tenemos miedo a romper las estructuras de la ilustración, basadas en las asignaturas que enseñaban los griegos? ¿Por qué matemáticas y no analítica? ¿Por qué inglés y no aprendizaje de lenguas? ¿Por qué no pueden haber en una clase de infantil diversos materiales para experimentar con la escritura, arena, chinchetas, cera, papel y tablets? ¿Por qué todos los alumnos deben agruparse con iguales si la sociedad, los equipos de trabajo, están formandos por sujetos de distintas edades? ¿Por qué no una asignatura de organización, gestión de tiempo y productividad donde se hable de por qué aunque tú hora productiva sean las dos de la madrugada, tienes que utilizar temporizadores para que tus trabajos lleguen a la 8? El maestro tiene que desaprender para aprender y dejar de ser facilitador de adquisición de contenidos [queda mejor que instructor] y pasa a ser gestor de aprendizajes o canalizador de curiosidad... Todavía está por determinar si existiremos... 

Y hay algo que no puede faltar en las escuelas, porque, realmente, es en este espacio donde se socializa, el espacio de las artes y del juego. Espacios seguros para la música, la danza, el canto, la pintura, la experimentación, el juego, el teatro... que dotará a las personas del futuro de valores estéticos y de desarrollo emocional, que contribuiran a que no acabemos viviendo en ataúdes minimalistas.

El colegio debe priorizar los hábitos saludables, los comportamientos cívicos, la participación social e integradora y la creación de espacios para la introspección personal y el crecimiento espiritual, para evitar la alienación del mundo virtual, necesario, presente y futuro pero no único. 

No metamos a los niños en un colegio, sino que lo adscribimos a un espacio educativo que integra el entorno. Hay que salir fuera, hay que vivir y aprender a convivir en la panadería, el supermercado, con el tejido industrial y ahí es donde el maestro puede recoger curiosidades, inquietudes y actitudes incompletas-que no incorrectas- para generar aprendizajes significativos. Mis alumnos no necesitan saber cómo se llega a una dirección, eso lo hace google maps, pero sí necesitan parte de esas instrucciones para jugar on line. Es su realidad más inmediata, ya aprenderan a dirigir cirujías virtuales cuando lo necesiten. 

La educación ahora y en el futuro tiene que estar dispuesta a adaptarse a las necesidades, a reflexionar y a cambiar continuamente.

Y también tenemos que cambiar nosotros. Si la universidad no nos formó y no nos forma, deberemos cambiar la sistematización de la universidad y formarnos ya. O a reinventarnos, que está de moda. Si no reflexionamos, no encontraremos una solución plausible ahora y aprendamos a desterrar las soluciones duraderas. La incertidumbre vino para quedarse. Prepararémonos  para ser resilentes ante ella y, lo más importante, dejemos de instruir para empezar a construir.

Mucho hygge... Yo sigo reflexionando. 

miércoles, 3 de junio de 2020

Estuvimos allí: Ibiza nunca más.


Estábamos pasando el verano en Denia y decidimos hacer una excursión de un día a Ibiza. Preparamos ropa de playa y nos fuimos alegremente a coger el ferry. 
Yo decidí que me iba a dar el 'lujazo' de tomar el desayuno en el trayecto y tan pronto embarcamos nos subimos a la cafetería. Pero no habíamos zarpado todavía cuando ya había un considerable vaivén y cuando salimos del puerto, el balanceo, comenzó a ser preocupante. De hecho no apareció el camarero sino un asistente para decirnos si queríamos bajar. Bajar al baño bajamos, sentados en los escalones, pero decidimos permanecer arriba porque bajo estaban vomitando y estaba lleno.

Arriba, la cosa no iba mejor, los butacones se deslizaban suavemente y quedamos un hombre que era una mezcla entre Jaime de Mora y don Quijote y nosotros. Aguantó estoicamente hasta que el desayuno en el mar se convirtió en desayuno al mar.

Cuando, por fin, hacíamos maniobra para amarrar vi por una ventana, con estupor, como un cielo inmenso se convertía en agua verde mar y de nuevo cielo inmenso y por primera vez fuimos conscientes de cómo habíamos estado moviéndonos. Mientras bajábamos barajábamos la posibilidad de volver en avión.

Cuando nos dijeron que para bañarnos en una cala había que coger un bus u otro barco, decidimos pasar el día callejeando. Tomamos un refresco cerca de la catedral con unas vistas increibles desde una azotea convertida en bar y  paseamos entre vestidos blancos y complementos adlib. Descansamos en un snack con una comida merienda ligera y entramos a ver a la virgen del Carmen para pedirle un viaje de regreso calmado, pero, por si las moscas, tambien visitamos la farmacia a por biodramina, que daba más náuseas que el mareo. Es una ciudad bonita que no creo que volvamos a visitar ninguno. Y es que dicen que la primera vez que visitas Ibiza, si la ciudad se enamora de tí vuelves y vuelves pero si no, no vuelves más. 

Al día siguiente nos enteramos de que habíamos navegado con fuertes tifones. Irrepetible y sin ganas de repetir.

Una vez en el apartamento,  nos tomamos el vaso de leche con galletas más hygge del verano mientras nos reíamos de la experiencia. 

lunes, 1 de junio de 2020

The more you teach, the more you learn.

Este no era el post de hoy y no porque se haya borrado, que ese problema lo ha subsanado el servidor, sino porque rayaba en el desacato y soy muy mirada, pero es que la burocracia me puede. Y había hecho una reflexión reactiva muy fuera del modo en que me he resintonizado.

Y mi lector interior pregunta ¿y ahora de qué vas? Hoy el alma me pedía Nostalgia, algias y otros lamentos pero toca productividad, hay que hacer papeles y tengo que ser proactiva, primer hábito de Convey.

Así que voy a pensar que cosas me ha aportado el confinamiento, profesionalmente, en positivo. 

Pero todo lo que me aparece  es negativo porque comparo con lo *normal*, y surgen los no veo, no hacen... Si tomamos lo establecido como norma al desaparecer lo establecido se declara la anarquía. Hay que posicionarse fuera de lo establecido. 

Cuando estaba en clase y aprendía algo nuevo lo compartía con mis alumnos para que comprobasen que la edad no tenía nada que ver con aprender y con sorprenderse. Ellos me han enseñado que si no hay paredes no hay horarios, que los día pijama son todos los días, que solo se aprende si se va hacia delante, que con la vista puesta atrás, tropiezas. He aprendido que con las herramientas adecuadas el medio no importa, que la gamificación no es 'juega' sino '¿quieres jugar conmigo?', que la cámara puede llegar a enamorar aunque ella nunca se enamore de tí, que los miedos se quitan de frente y que las consecuencias se esquivan de lado. 

Que he dado clase y que he sido alumno. Ahora todos, ellos y yo somos más competentes digitalmente, la organización personal es importante y mantener el contacto la base de toda amistad. 

Que cada uno es como és y que cuando más consigo está más si mismo se hace. Que cuando te cortan las alas te vuelves pájaro y pierdes el apetito y las ganas de cantar. Que deseas quedarte en casa hasta el día en que es el único sitio donde puedes estar. Que cuando el sol se pone por el balcón la oscuridad da paso a la solidaridad pero cuando sale el sol en la terraza aparecen los oportunistas. 

Ya sabía que podía vivir conmigo misma pero que tendré que aprender a convivir con el miedo a la pérdida y a la incertidumbre. 

He aprendido que cuidaba lo que veía pero que ahora puedo cuidar también lo que no veo. 

Pese a las Danas, la quema de la Amazonia, las cuasi guerras, las revueltas raciales, los virus inmundos y lo que queda por venir, proactivamente... Me gusta tanto, o más, aprender como enseñar. 

Y ahora, taza de leche fresca y mucho hygge. ¿Quieres aprender conmigo? 


miércoles, 27 de mayo de 2020

Estuvimos allí: Malmö

 
 

Como en el pasado post recuperé una foto de la estación de Malmö, me hizo recordar que existían los estuvimos allí. Y, personalmente, fue una de mis experiencias más gratas y baratas. 


¿Por qué Malmö? Originariamente el destino era Copenhague, pero estabamos alojados delante de la estación y habíamos leído que los universitarios de la capital danesa la tenían como ciudad dormitorio, y más, desde que ambas ciudades quedaron unidas por el Øresundsbron. Un puente para coches y con tren que en algún momento abandona la superficie del mar y se hunde en mar vikingo o estrecho de Øresund. Solo esto ya prometía y era un viaje de poco más de media hora. 

 
Decidimos ir a cenar a Suecia. Vamos, decidme que no os gustó cuando Richard Gere lleva a Julia Robert en su jet privado de Los Ángeles a San Francisco. O ese, hoy desayunamos en París. Pues en Dinamarca puedes permitirte el lujo de cenar en Suecia. Creo que ya suman bastantes alicientes como para planear una visita internacional. Y además la cuna de Ikea. 


Si no nos conociéramos, y pensarais que soy tan superficial, os bastaría, pero la verdadera razón, para este y otros muchos viajes, era un parque. Especial por un huerto ecológico que cuidan y trabajan los habitantes de Malmö y un barrio reedificado, atendiendo a criterios de sostenibilidad. 

Estaba lloviznando y el día era gris. Desde el interior del parque pudimos ver la moderna Torre Torcida de Calatrava, a un lado, y al otro, un típico molino de viento de madera oscura en un parque, de los muchos, lleno de detalles.
 
Cenamos cerca de los músicos de la Optimistorkesten, en una pizzeria de la calle principal, donde hablamos en italiano con los dueños y un argentino que había vivido en barcelona.
 
Pagamos con coronas suecas que habíamos sacado de un cajero cerca del ayuntamiento y dimos un paseo callejeando y disfrutando de las ventanas decoradas con cortinas, encajes, velas, tazas, luces varias... y los colegios sin puertas. Los parkings de bicis, con los bombines para inflar las ruedas por doquier. La  escultura del arma con el cañón haciendo un nudo. Las calles de marcha con gente charlando animadamente. 

Pero, lo que sin duda quedará en nuestra memoria fue el regreso. Parece ser que  en la frontera piden documentación y billetes. A la ida no pasaron, pero a la vuelta sí y por lo visto nuestros billetes no eran de ida y vuelta. Afortunadamente, y después de explicar como en Dinamarca el billete servía para todo el día incluidos autobuses de otras poblaciones, habíamos dado por supuesto lo mismo, ya que la máquina expendedora solo estaba en danés. Nos explicaron que habíamos sacado billetes solo de ida pero individuales y que lo preferible era un familiar. Que dado que la diferencia era poca y eramos turistas que lo dejaban correr. 

La cara de preocupación de mis hijos era un poema, hoy nos reímos al recordarlo, porque aunque fueron amables, no dejaba de ser policía de aduanas y acongoja un poco. 

¿Se os quitarían las ganas? No era la primera vez y luego recorreríamos el Piamonte y la Toscana en tren... Pero eso es otra historia. 
 

lunes, 25 de mayo de 2020

Los homefinde

Se que volvemos a la normalidad porque he visto el post en mi cotidianeidad. Un compañero contestando a un e-mail sábado noche y yo hablando de homeschooling y de pronto me ha venido a la cabeza el homefinde.

Soy consciente que con el cambio de fase ya puedes reservar en un restaurante, pero me deprimiría mucho que me sirviesen el menú con mascarilla, aunque me cabrearía que no lo hiciera. 

 
Desde que empezó el confinamiento, cuando bajo a comprar, me paso dos días con anosmia, desinfectantes y lejía me deterioran el olfato, así que no se si tendría la sensación de estar en un restaurante o en un hospital.

Así que entre la depresión y el cabreo me hago unas gambitas descongeladas con un cava orgánico de Consum, que me sienta  de cine, y  con pijama y cóctel de café con leche y canela, me marco una maratón de Castle, que desde Ally McBeal, es lo mejor. ¿Hygge? Pues no.
 
Añoro comer fuera, viajar, pasear por la playa... Pero para ver mascarillas, prefiero quedarme en casa. Sé que, poco a poco, me acostumbraré y pasará a ser parte de mi día a día, pero de momento me quedo con Fillion y Katič hasta que me vuelva el hygge que me abandonó al mes de cuarentena cuando reproducir los momentos felices del pasado, los que creaban confort, se hicieron poco menos que imposible, porque no es hygge quedarse en casa, eso es nesting y lagom. Hygge es quedarte porque quieres y compartir porque puedes. Pero ahora no me quedo porque quiero ni comparto porque no puedo. Así que estamos kneppet op. 

lunes, 27 de abril de 2020

El día que no vi mi reflejo en el espejo.




Esto no es un hecho, es una emoción. Nos ha pasado a todos o a casi todos. A veces con premeditación, otras por motivos fortuitos. A veces porque llegas demasiado tarde, otras por llegar demasiado pronto. A veces, simplemente, entiendes mal las cosas y nadie se molesta en decirte, 'así no'.

Ese es el día que desapareces por primera vez, luego vuelve a pasar y a pasar... y dejas de ver tu reflejo.

Cuando alguien nos hace algo malo, los bien intencionados dicen, olvidalo, ignoralo. Pero ¿y si no has hecho nada malo ni injusto? Si lo que ven como maldad es enfermedad, olvido o circunstancias. ¿Como se le llama a quien es capaz de inflingir tanto dolor, una y otra vez? 

Los seres humanos son envidiosos y vengativos y mi temor se está confirmando. Después de este golpe brutal, no han cambiado las cosas. Hacia afuera muchos abrazos de luz pero dentro hay tinieblas.

Si queda alguien que confíe en que la crisis es caos y oportunidad, es chino. Aquí crisis es no tener dinero y la oportunidad se convierte en oportunismo. Quien piense que lo que no nos mata nos hace más fuerte tal vez haya dado en el clavo, pero una fortaleza muy €#&*&@.

Hoy mi hygge se ha revelado contra el confinamiento y me ha dejado en casa sin su apoyo pero ya volverá porque yo no voy  a ser más fuerte, ni más rica ni oportunista, y volverá la manta, la chimemea y el café caliente con tarta de calabaza igual que el invierno sigue al otoño. Y no sonará a amenaza the winter is coming... Si os encontráis mi hygge, no tiene nombre, os lo podéis quedar. Si pregunta por mí, que busque en los espejos. 

domingo, 19 de abril de 2020

Hygge, ¿supongo? En La librería del Sr Livingstone.

En estos tiempos que corren, bueno, ya no corren tanto... Tendremos que cambiar las frases hechas.

Vuelvo a intentarlo. Parece que todos están empeñados en hacernos creer que tenemos mucho tiempo durante el confinamiento, y algo de razón tendrán, pero yo no sé que hago con él porque por no darme, no me ha dado ni para el post de la semana pasada, pero quien no haya tenido un bajón que levante la mano. 

A lo que íbamos. Reconozco que he pasado un mes y no me apetecía ver ni películas ni leer libros, ni escribir. He hecho muchas cosas menos alimentar el intelecto. Así que decidí tomar las riendas y empecé un diario, pero que no cunda el pánico. Me puse a mirar posibilidades y me decanté por Anna. Una película muy serie Nikita. No era ninguna maravilla pero me llevó a sitios en los que había estado y me distrajo, sí, es la palabra. 

Pero había un tema pendiente, con los libros no había tenido tanta suerte. Los dos que había elegido no me engancharon y lo sé cuando empiezo a pasar-saltar páginas. Pero a la tercera fue la vencida. 

La librería del Sr Livingstone de Mónica Gutiérrez me pilló desde el primer momento porque no parecía de violencia y los protagonistas tenían más de 15 años, casi todos. Confluía el ambiente inglés y una librería... Dentro del confinamiento, creo que si pudiera 'elegir' un sitio para pasarlo sería la librería de la novela, con todos esos personajes tan singulares y con los que, por alguna extraña razón, me identifico, incluso con la señora  Dresde.

Necesitaba un libro que me hiciese viajar a uno de mis  lugares favoritos, las librerías. 

El contexto no es histórico como el de mis  novelas favoritas, pero hay historia, no hay violencia pero hay un duelo de palabras, no hay crimen pero hay un amable misterio y mucho amor por lo que realmente importa... Ahora seréis vosotros los que saquéis conclusiones.

Además creo que esta autora y yo compartimos un par de cosas. Una palabra: Serendipity y un concepto  de lo que es hygge muy claro, suelos de madera, chimeneas, sillones de terciopelo, libros y ventanas a lo infinito. 

Me ha devuelto la fe en la búsqueda,  en que hay libros que si que pueden acompañarme en estos tiempos... 


martes, 7 de abril de 2020

Parar está prohibido


"No me da la vida", esos momentos tan intensos que no llegas a todo. Hoy el concepto cambia a "me da pa tanto y más".

Hay casas en la que no comes en el suelo porque mientras pones y quitas la mesa te entretienes. Que han aplicado el método de Isabel Iglesias de 21 días en una semana y han puesto los cajones Marikondo, hasta el del abuelo. 

"Madrugar se va a acabar" Se acabó. Es una realidad. A la porra los horarios y viva el edredoning, y el balconing, que lo mismo sirve para aplaudir, que para una cacerolada, o para tocar o hacer gimnasia. 

Pero ¿Es demasiado pronto para preguntarse qué pasará después? ¿Volveremos de cabeza a no parar, a escondernos detrás de un trabajo alienador para tener un coche mejor, una casa mejor, un apartamento mejor? . ¿O por el contrario, seremos capaces de sentarnos a escuchar los temores de nuestros hijos, los anhelos de los abuelos, la incertidumbre de la pareja... ?  No más, no mejor, si no es más lento y mejor disfrutado.

Ahora es cuando podemos parar, pero desde el exterior todo es alentarnos a hacer, nos crean rutinas, actividades de tal forma que "no te de la vida" para parar y tener dudas, miedos, ansiedades, nervios. Aquietar, alienar, las emociones que no sean la gratitud y la alegría.


Agradecida siempre. Pero no me siento alegre. Sigo viviendo hygge porque sigo haciendo lo que siempre he hecho. Slow, mindfulness pero no tiene que haber alegría, de igual manera que no hay que callar los miedos, ni ahogar la ansiedad. Parar a escucharse y sentirse en silencio o con música. Con velas o con luz. Kaizen, kaizen.



miércoles, 1 de abril de 2020

Horario hygge.

Estos días de confinamiento están dando al traste con uno de los principales ejes vertebradores de la felicidad, el horario.

Hasta hace unas semanas todos, o la mayoría tenían un horario lectivo, laboral, de actividades de ocio, que proporcionaba actividad a unos y descanso a otros. Dentro de ese horario encontraba, yo, mi espacio para escribir. Pero con todos tratando de adaptar su horario a las nuevas circunstancias, me he ido retrasando. Y me ha producido satisfacción colaborar a minimizar el impacto de esta nueva situación, prolongando hasta tarde la atención desde primeras horas de la mañana. Pero 20 días después tengo 24 wasaps en el grupo de trabajo,25, 26...  y ahora son las 11 de la noche. 

Para poder llegar a este post semanal he tenido que estudiar mucho sobre organización doméstica, laboral y márketing, porque, aunque parece poco, teniendo en cuenta las 37 horas laborales, más las tareas domésticas, sacar tiempo para investigar y escribir no ha sido fácil. 

No tengo ayuda y he explicado varias veces por qué, así que minimizo tareas, simplifico espacios, gestiono tiempos y estudio  como cuidar este aspecto que mimo porque me ha hecho encontrarme con mi ikigai. 

Pero todo se ha alterado. Entonces aplicamos kaizen. El objetivo: recuperar el tiempo, primer paso, estar disponible y armada de paciencia, recurrir a un borrador de emergencia, porque hay semanas que da para más pero no todas, así que guardamos. Superada la primera impronta, programar trabajo, tiempo de atención y mira tú por donde, ahora que he conseguido que mis alumnos no me envíen trabajos a la una de la noche, son los adultos los que se empeñan en que el horario no tiene límites. Kaizen, a conseguir. 

Hace dos días que este post debería haber salido, pero el borrador era desalentador, como mi sensación anti hygge. Un danés tiene 37 horas de trabajo, de las cuales hace 33. Es productivo y eficiente de 8 a 4 y después se va a disfrutar de su tiempo. Lo contrario, quedarse más en el trabajo se ve como incapacidad para cumplir tus objetivos a tiempo, falta de respeto a la familia o falta de intereses personales. 

Hoy he encontrado el equilibrio. Mañana contestaré, después de planificar el día. Vuelta al horario productivo, minimalista, organizado. ¿Te apuntas? 


lunes, 23 de marzo de 2020

COVID y hygge.

El temor y a veces la paranoia se ha apoderado de nuestro entorno. Hay desconfianza y miedo. Es un momento extremo en el que hay que tomar medidas extremas para no tomar medidas existenciales. Pero también hay que conservar la calma porque el miedo es contagioso y entraña peligros de orden físico y mental.

Va a cambiar nuestra forma de hacer las cosas y tal vez la conciliación nos aporte una perspectiva más racional de lo que realmente importa.

De momento vemos a los solidarios haciéndose cargo de peques, vigilando por los sanitarios, retando a los 21 días sin salir...

Tal vez ahora sea el momento de disfrutar de las cosas pequeñas, con un humificador lleno de ravintzara, algo caliente, un buen fuego en la chimenea y todos en casa, cada uno a su aire pero en relajado impás. 

Esperemos tiempos mejores.

Y hasta aquí el primer día de confinamiento.

 Después de una semana la realidad es diferente. Las familias están agobiadas por el cambio drástico de rutinas, con los niños en casa, los maestros obsesionados por hacer llegar temario, el libro que se quedó en el cole, el saqueo de papel higiénico, el horario de aplausos, el pataleo a cacerola limpia.... No ha habido tiempo para pensar, ni para aceptar. Hay caos en cada parte de la casa y de pronto todo nuestro mundo está patas arriba, a menos que seas una persona tremendamente casera y disfrutes leyendo, cocinando o viendo series... Si tus hijos son otaku o gamer te harán palmas las orejas y si además tienes balcón...

Estoy con los que creen que algo tiene que cambiar después de esta experiencia pero ahora estamos de duelo, duelo por la muerte de nuestras rutinas, de nuestras espectativas a corto plazo, de nuestros congéneres.

"Nadie es una isla, completo en sí mismo, la muerte de cualquier hombre me disminuye, así que no hagas preguntar por quién doblan las campanas, doblar por tí." 

Mañana será otro día. 

lunes, 16 de marzo de 2020

Raw and hygge.


¿Cuántos de vosotros pasáis horas mirando casas en las revistas, o esas reformas que cumplen los sueños de propietarios indecisos, mientras os preguntáis en qué estilo de casa os gustaría vivir?

A mí me gusta el estilo farm house, pero no me gusta que todo parezca tan desgastado. Me encanta el raw, pero no sé si  sería capaz de tener una mesa no recta con madera "cruda". Los tejidos naturales se quedan. No me gustan los elementos africanos, aunque si esas piezas coloniales y con sentido. 

Me gusta ikea pero no cuando es nórdica minimalista, sino cuando imita el mueble de la abuela, de las suyas, porque los muebles de la mía eran negros y muy pesados. 

Pero mi casa, como la de la mayoría, no es de revista, ni tiene un estilo definido. Aunque he conseguido deshacerme de alguna cosa, aún tengo muebles "inamovibles" y lo que vino temporalmente, a cumplir con funcionalidad, se ha quedado. 

Confortable, simple, con sentido.  Esa es mi casa, pero solo para mí, no para los especialistas. Por fin he encontrado el estilo que busco. Kaizen, poco a poco, es como se consigue crear esa sensación de bienestar, más que un estilo. De hecho, cuando pienso en cual de las casa me gustaría vivir, me gustan cosas pero no por el estilo, sino porque lo asocio a una 'peli' o a un libro, como esos miradores con asientos junto a la ventana que han contribuído a escoger sillones con respaldo bajo, para poder aprovechar toda la vista que ofrecen, de la naturaleza las ventanas. 

Esa botella de vidrio verde con más de medio siglo a cuestas, original, vintage, con un tapón de corcho de mi tienda de manualidades favorita. La de la foto es la prima esbelta. 

Aquel arconcillo secreter versión minimini del secreter que siempre soñé y nunca tendré, porque valen un pastón y porque solo quedan bien en un palacio.

Y es que los sueños no tienen por qué hacerse realidad porque nos vemos obligados a crearnos unos nuevos y no tengo tiempo para sueños posibles... Aunque, bien mirado, tampoco quedan muchos imposibles.

Domingo tarde con chimenea encendida, mantita, y reformas, en casa de otros, yo hygge ¿Y tú? 

lunes, 9 de marzo de 2020

Feliz pero no siempre.


Estoy reescribiendo este post después de que una penosa maniobra con el móvil borrara el que, posiblemente, fuera el mejor post desde hacía mucho tiempo. En otra ocasión me hubiera enfurecido, obsesionado o apenado, o todo a la vez. Pero después de escribirlo experimenté una catarsis que me llevó a anotar rápidamente lo que era más interesante y recordaba y a dejar para hoy, en un momento de menos estrés post traumático, el volver a rehacerlo.

Empezaba explicando que había leído que se estaba tratando la felicidad como un hecho científico, tratando de trazar los patrones repetibles para reproducirla y tropecé con Tal Ben-Shehar, muy preocupado por este tema y que apuntaba algo que merecía parar a reflexionar. E hice bien. Según él, paramos poco a disfrutar. Mindfulness for ever.

Parece ser que su infancia no fue muy feliz sin un motivo aparente y había constatado que hay un alto componente de genética en la capacidad de cualquier persona para ser positivo, concretamente un 50%. Un 40% depende de nuestras decisiones y un 10 % del entorno, a menos que se dé una situación extrema como un desastre natural o un conflicto bélico, que alteraría todos los porcentajes.

No podemos actuar sobre la genética y podemos mejorar con talento, esfuerzo o suerte el entorno. Así que lo que nos queda para trabajar es cómo tomamos nuestras decisiones. Según indica la felicidad está en la intersección entre el placer y el sentido, aplicable a cualquier actividad.

A todos se nos asignan tareas en el trabajo, algunas no son ni significativas ni agradables, de serlo para nosotros, nos convertimos en 'sujetos' más productivos y más creativos, por supuesto más positivos.

También es aplicable a las tareas domésticas o a cualquier otra actividad. Pero como padres estamos tan obsesionados por la felicidad de nuestros hijos que además de ocultar la genética y brindarles un mundo sin problemas, lo más cómodo posible, obviamos que si su genética es la que es, nos estamos dando con un canto en los dientes. Estamos generando expectativas de felicidad y de éxito que le van a hacer sentir más miserable, porque no hay nada peor que no entender que no podemos ser siempre felices, ni nosotros ni ellos. Si tenemos que actuar de alguna manera es sobre el aprendizaje en la toma de decisiones y resolución de problemas, que no debemos hacer nosotros por ellos. Enseñarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos a Para y Reflexionar, debería ser un ejercicio más importante que el físico o un hábito tan productivo o más que lavarse los dientes. Mindfulness again.

Y aquí es donde iría la lapidaria conclusión que se perdió anoche, pero creo que podemos alcanzar cada uno nuestra propia conclusión. Parar, tomar decisiones con sentido y placenteras, sin expectativas y estar preparados para recargar pilas con los momentos de felicidad que nos ofrezca la vida. No te enfades si has preparado cena y un cuarto de hora antes alguien se está comiendo un yogurt con galletas, a lo mejor el cuerpo le pedía un acto sencillo de nutrición. No te enfades porque el orden dure poco porque el caos les relaja. No te enfades porque la naturaleza tira lo que tú has interpuesto en su camino.

Disfruta de que tienes familia, de que comparten tu plato y tu espacio y perdona a la naturaleza que te ofrece otras compensaciones. Y si al final te has enfadado, perdónate a ti mismo porque es tú genética y aprende a gestionarte la próxima vez. Mucho hygge.

lunes, 2 de marzo de 2020

Labores de Sísifo.

Sinceramente, y sin obsesionarme, hoy no iba a escribir y, de hecho es tarde, muy tarde. Pero en un momento de relax me he encontrado leyendo a Agatha Christie "Los mejores crimenes para mis novelas se me han ocurrido fregando los platos. Fregar los platos  convierte a cualquiera en un maníaco homicida de categoría"

Las tareas domésticas, cualquier tarea doméstica, tiene esa cualidad de ser una piedra de Sísifo destinada a caer al fondo tan pronto alcanza la cima.

El castigo por la astucia que recibieron Sísifo o Prometeo ha sido la imagen que me viene a la cabeza cada mañana cuando comienzo las rutinas, muy distinto a como me siento cuando entro en clase.

No solucionas nada repartiendo o traspasando, la tarea permanece ahí para convertirse en algo que se repite como un castigo. 

Como, históricamente, es una carga que suele caer sobre las mujeres, son ellas las que han tratado de sistematizarlas, minimizarlas e incluso bendecirlas y convertirlas en servicio amoroso. ¡Y una & #ð@*! Hay quien lo reduce a una app. ¿Se ha parado alguien a pensar cuanto tiempo se pasan las mujeres y algunos, pocos, hombres emparejando calcetines? ¿Sabe alguien lo atractivo que resulta un hombre que usa vaqueros, jerséis y camisetas y no utiliza camisas ni pantalones de raya? Se pueden cuantificar en días el tiempo que te pasas planchando.

Tengo nombre para mi primer androide doméstico, Sísifo. No tomará café conmigo ni se tapará con la manta. Tal vez sepa leer, no será creativo y por ese motivo no se preguntará lo absurdo que es su día de la marmota eterno. Mientras seguimos esperando un mundo feliz  hoy todavía no he sentido la necesidad de idear ningún crimen.